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ECOLOGIA

La biodiversidad V. SHIVA

Vandana Shiva es una mujer comprometida con su tiempo: física teórica, pacifista, seguidora de Ghandi, premio Nobel alternativo y premio Vida Sana 1993, ha escrito multitud de libros. Ha sido capaz de movilizar en la India 5 millones de campesinos contra la Unión General de Tarifas de Comercio (GAT) y de ponerse a la cabeza de la gran movilización en contra de la globalización del comercio en Seattle a finales de 1999. Fundadora de Navdaya un movimiento social de mujeres para proteger la diversidad y la integridad de los medios de vida, especialmente las semillas.

Esta mujer ha estado en Mallorca en sendas conferencias en la Fundació la Caixa y la Universitat de les Illes Balears (otoño de 1999).
Tiene una potente capacidad, además de una eterna sonrisa, para comunicarse con la gente y explicar lo que está ocurriendo: la batalla genocida por el control mundial de los alimentos y de la vida. Un poder machista que representa un estilo de vida depredador y no sostenible.
Con ella hemos hablado de la diversidad, sobre la política de las corporaciones, de globalización del comercio, control de los alimentos y de la vida y esto es lo que piensa sobre....


... la biodiversidad
Los sistemas que se desarrollan libremente se adaptan, la naturaleza evoluciona por la propia diversidad. La diversidad es un indicador de una naturaleza saludable. Actualmente la diversidad es atacada por las grandes corporaciones, por la multinacionales, que ejercen así un poder absoluto sobre la vida, las gentes y los gobiernos a los que quieren controlar. Esta destrucción es una violencia que engendra más violencia.
La eliminación de la biodiversidad, la desaparición de especies animales y la desaparición de culturas son formas de violencia.
Actualmente la colonización y el control social no se realiza con las armas pero tiene la misma consecuencia genocida y esto esta ocurriendo a muchos niveles.
La libertad en el mundo occidental es heredera de la revolución industrial y piensa que todas las cosas son distintas y sin ningún tipo de relación entre si. Pero las cosas están relacionadas y tienen capacidad de reorganizarse.
Cuando escribi el libro “Live” hablaba de un estilo de supervivencia que se ve amenazada. La cultura y la identidad del campesino están amenazadas.
Si aumenta la biodiversidad las especies no tienen tanta tendencia a producir plagas.
Las alternativas existen y son más eficientes pero se están destruyendo porque no son beneficios para unos pocos, para la multinacionales.
Nuestro compromiso es seguir trabajando y resistirse a esta invasión.
Debemos tener la preocupación de vivir dentro de los límites que marca la diversidad y los conocimientos locales.
Para una agricultura sostenible es necesario una agricultura multidimensional. La agricultura protege el medio ambiente.


... la agricultura industrial siempre promete

Es una ilusión de punta a punta. Promete crecimiento pero en realidad produce escasez (nos dijeron que daría más, pero algo nos decía que se puede destruir más de lo que se produce). Los tipos de escasez son tres:

  • 1 ) De recursos. Hoy se utilizan más recursos que nunca para producir menos alimentos (la agricultura tradicional emplea menos de la mitad de la energía que la industrial para obtener la misma cantidad de calorías en forma de alimentos). Y la contaminación que producen los nitratos vertidos a ríos y a aguas subterráneas, obstruyen los ecosistemas.
  • 2) Escasez de medios de vida y de trabajo. Hoy está sucediendo un episodio mayor que en la revolución industrial de expulsión de campesinos del cultivo de la tierra y no hay colonias dónde mandarlos.
  • 3) La escasez de alimentos. De seguridad alimentaria y de alimentos sanos y buenos.
    Si no somos capaces de tratar estos tres tipos de escasez, no podremos resolver el problema. Podremos poner parches, pero no soluciones completas.
    Se ha pasado de 1 ó 2 a 10 calorías aplicadas para obtener 1 de alimento. (Ejem. diferencias entre conseguir 1 kg. de proteína animal y uno de proteína vegetal).


... el hambre en el Tercer Mundo
El hambre ocurre porque las personas no tienen derechos no porque no haya alimentos.
La idea central de este tipo de productividad es que estamos produciendo más alimentos para toda esa gente que se muere de hambre en el Tercer Mundo, para evitarla hay que ponerla en duda. Sólo nos la recuerdan cuando hay alguna multinacional que quiere enviar algo obteniendo beneficios políticos o publicitarios. Luego se olvidan.
Cada vez que nos quieren vender algo como por ejemplo la Revolución Verde, ponen el hambre en las noticias de las tres, en informes científicos, folletos publicitarios, etc. La revolución tenológica actual hace lo mismo, el hambre se usa como pretexto para dar otra vuelta de tuerca que crea más hambre, más escasez.
La Revolución Verde es un ejemplo de promesa de más que en realidad nos ha dejado en menos. Unos suelos agotados: el 50 % de nuestros suelos en el estado de Punjab están devastados, el 10 % de nuestro estado, con unos suelos que fueron tan fértiles que los registros agrícolas de más de 10 siglos dicen que la productividad no decreció, hemos logrado en 10 años convertirlos en desierto con la agroquímica. Ahora el 10% de Punjab es un desierto.


... libre comercio
La liberación del comercio nos dejará todas nuestras estructuras en la ruina.
Mucha de la publicidad sobre el libre comercio argumenta que con una economía libre habrá más libertad, pero está ocurriendo justo lo contrario. La diversidad esta desapareciendo y esto es antidemocrático. Los problemas vienen de un comercio no demócrata puesto que la eliminación de los aranceles es ilegal. La solución pasa por consumir productos locales, reconstruir la economía y estar orgullosos de ello.
Actualmente el control de los gobiernos se realiza mediante un control de sus alimentos.
El verdadero problema en el Tercer Mundo es el tipo de exportaciones americanas acogidas a un tipo de subvenciones soterradas que protegen a la industria de producción de alimentos en EE.UU.
En la última crisis asiática el Banco Mundial dio 2.000 millones de dólares a Indonesia para recuperarse. El dinero fue a parar a los agricultores americanos para reducir los precios de los alimentos exportados a Indonesia. Esto son subvenciones a la exportación.
La negativa de aceptar el comercio único es indispensable. Esta negativa pude sugerir muchas posibilidades como por ejemplo el darnos cuenta de la falsa dependencia de cosas supérfluas.
Bill Clinton dijo en la reunión del GAT que la población mundial necesita teléfonos móviles aunque tengan escasez de agua ¿?.
Entonces los teléfonos móviles se convierten en indicadores del nivel de vida.
Somos nosotros los que tenemos que definir estos indicadores, debemos cambiar los indicadores de riqueza por otros que reflejen una ecología sana, una educación sana una cultura sana etc.


... la globalización ahora está en boca de todos
La globalización es una dictadura económica y la democracia parlamentaria se convierte en una farsa. Si se crea una economía mundializada controlada por multinacionales no tendremos alternativa, nuestras formas de vida desaparecerán.
Las víctimas de desastres naturales son víctimas del sistema de globalización por querer introducir tecnología (vehículos, industria...) donde no es necesario. Estos desastres están relacionados con la economía y la explotación no sostenible de los recursos naturales.
En estos momentos 100 millones de agricultores tienen problemas de supervivencia y en un año 2 millones de tejedoras dejarán su trabajo para coger basura en las calles. Esta es una forma de perder diversidad.


... el significado de todo lo ocurrido el año pasado en Seattle
Seattle ha sido el comienzo de una nueva perspectiva social.
Los medios de comunicación no recogieron la verdad. No recogieron la manifestación de multitud de personas por la paz.
El fracaso de la reunión interministerial de la Organización de Comercio Mundial (WTO) en Steattle ha demostrado que la globalización no es un fenómeno inevitable que ha de ser aceptado a cualquier precio, sino un proyecto político que puede ser respondido políticamente.
Los ministros de África, Asia y el caribe fueren excluidos de las conversaciones lo que demuestra lo antidemócrata de estas conversaciones.
Se han definido unos aspectos como comerciables que hasta ahora nunca se habían comerciado: semillas, plantas y células humanas.
Unas pocas corporaciones lo controlan todo y esto es antidemócrata.
El control de la sociedad está escondido y la gente no se da cuenta. La gente debe despertar y darse cuenta cuales son los peligros
La biodiversidad es la base de las sociedades y está rompiéndose con violencia.
Actualmente veo una nueva amenaza en Europa: la xenofobia y violencia racial. En la India y en muchas lugares del planeta los políticos crean la violencia entre diferentes etnias.
Los sistemas sociales que crean monoculturas crean violencia por falta de la diversidad. La base de la diversidad cultural relacionada con la diversidad de la naturaleza esta destrozada y esa pérdida de identidad lleva a la gente a refugiarse en el integrismo y la xenofobia.


... los recursos naturales
En nuestro planeta hay suficiente para las necesidades de todos pero no hay para el que quiere demasiado. Si consumes más de lo que necesitas estás robando a otra persona.
El control actual de la sociedad viene de mensajes mediáticos. La nueva dictadura se basa en que la empresa es una persona ficticia.
La búsqueda de la libertad es importante sobre todo ahora. No debemos ceder nuestra libertad ni ceder nuestra soberanía. Intentemos crear nuestra libertad conservando nuestras semillas. Busquemos la libertad para que la tierra no sea agredida.

  • Libertad para la tierra
  • Libertad para los agricultores
  • Libertad para los consumidores
  • Libertad para los animales

¿Las multinacionales?
A las multinacionales les preocupa que cada cultura tenga sus propias preferencias.
Si todo se dejara en manos de las gentes todo funcionaria de una forma natural, pero no es así.
Cargil (multinacional americana) controla el 60% de la agricultura mundial. Cargil ha sido la que ha redactado las reglas del comercio de agricultura en el GAT.
Existe una evidente corrupción de multinacionales y gobiernos.
Estas empresas han destruido la vida y los trabajos y sólo generan el 2% de la ocupación.
Quien determina que la reserva de un país y quien tiene un buen balance de pagos es el Banco Mundial. La OMC actúa a nivel mundial y actúa tanto de tribunal, como de parlamento y de gobierno.
EE.UU. consiguió en India eliminar las restricciones . La 2» economía del mundo se ha visto forzada a importar productos básicos cuando jamás había hecho falta. Debemos luchar contra la acusación de proteccionismo. Proteger la salud, la cultura, la economía es un derecho indiscutible.
No es inevitable que las leyes de las grandes corporaciones gobiernen nuestras vidas.
En la India se suicida gente por no poder competir con las grandes corporaciones.


... la biopirateria
El sistema de propiedad intelectual multiplica la escasez. Antes con una semilla obteníamos muchas semillas, ese es un sistema de abundancia. En un sistema de propiedad intelectual una semilla no da más semillas, hay que ir a la empresa a comprar nuevas. Visto desde la perspectiva del agricultor del Tercer Mundo los derechos de propiedad intelectual aumentan la escasez de material biológico necesario como base de la agricultura.
La Biopirateria es un saqueo a la naturaleza.
Actualmente son 4 empresas que controlan todo el mercado mundial: Novartis, Monsanto, Dupont, Cargill.


... ¿la llave está en la toma de conciencia de la gente?
Para que la gente tome conciencia de cambio tiene que recibir un dolor muy profundo que les haga despertar.
Muchas pequeñas movilizaciones consiguen poner en marcha pequeños cambios.
En los próximos años debemos prestar mucha atención a los mensajes ecologistas debemos aprender a distinguir.
La única forma de disponer paz y protección de las identidades culturales es la democracia social y económica. La globalización económica que lleva a la globalización social aboca irremediablemente a la violencia.


... lo qué podemos hacer
Hay cuatro cosas muy importantes que debemos hacer:
• Proteger las semillas
• No destruir a los campesinos
• Evitar la industrialización
• Evitar que la gente del campo venda sus tierras.
Debemos olvidar los mitos de la eficiencia, las economías locales son mas eficientes y ecológicas, debemos estar orgullosos de lo que uno hace y no caer en la trampa de la colonización cultural y debemos saber afrontar y ver las mentiras que inundan los medios de comunicación.
La nueva política de biodiversidad debe recoger todas las culturas.
Todos estamos inmersos en el cambio. El cambio paradigmático debe cambiar la experiencia de inseguridad.
Hay que cambiar las mentalidades y ofrecer alternativas.
Resistirnos y hacer bancos de semillas, buscar marcas importadas y boicotearlas.
Crear una alianza para luchar contra la invasión alimentaria y cultural, estas son algunas cosas que podemos hacer.
Hay 2 razones para no tirar la toalla:

  • El deber moral que tenemos como seres humanos de que las cosas vayan siempre mejor.
  • Hay que tener iniciativa para el cambio.


Porque necesitamos alternativas para parar esta máquina y necesitamos alternativas por si no lo conseguimos.
No queremos renunciar a la libertad, para nosotros está claro que la libertad consiste en que el pequeño agricultor sobreviva en el siglo XXI y en que los pobres tienen derecho a alimentarse.
Todos deberíamos tener el derecho a vivir responsablemente respetando a los demás y al medio. Esta libertad no puede tomarse con frivolidad.
Hemos de ser capaces de responsabilizarnos y obtener el espacio para ejercer una responsabilidad desde la que hemos de enfrentarnos creativamente a un viejo sistema que necesariamente va a su destrucción y es demasiado arrogante para reconocer la escala y la velocidad de la destrucción.


Física Teórica y Filósofa de la Ciencia.
Directora de la Fundación de Investigaciones para Políticas de Ciencia, Tecnología y Recursos Naturales, de la India; Visiting Fellow, Universidad de Oslo, Noruega.
Vandana Shiva, co-autora del libro "Ecofeminismo" tiene una interesante web en inglés. Uno de los apartados de la web es Género y Medioambiente.
http://www.indiaserver.com/betas/vshiva/
La referencia de su organización es: Secretariat of Diverge Women for Diversity Research Foundation for Science, Technology and Ecology A-60, Hauz Khas / New Delhi - 110 016, India / Tel: 91-11-6968077 / Fax: 91-11-6856795
Email:mailto:vshiva@giasdl01.vsnl.net.in / vandana@twn.unv.ernet.in

COMO PONER FIN A LA POBREZA v. shiva


El artículo principal del 14 de marzo de 2005 del Time Magazine estaba dedicado a "Cómo acabar con la Pobreza". Se basaba en un ensayo de Jeffrey Sachs, "The End of Poverty", de su libro del mismo título. Las fotos que acompañan el ensayo retratan a chicos sin hogar, recogedores de basura en vertederos, heroinómanos. Son imágenes de gentes de usar y tirar, gentes cuyas vidas, recursos y medios de vida les han sido arrancados a través de procesos de exclusión brutales e injustos, que generan pobreza para la mayoría y prosperidad para unos pocos.

La basura es el derroche de una sociedad de usar y tirar – las sociedades ecológicas nunca han tenido basura. Los chicos sin hogar son consecuencia del empobrecimiento de las comunidades y familias que han perdido sus recursos y medios de vida. Son imágenes de la perversión y las externalidades de un modelo de crecimiento insostenible, injusto y falto de toda equidad.

En mi escrito "Staying Alive" yo me había referido a un libro titulado "Poverty: the Wealth of the People" (la Pobreza: Bienestar de la Gente), en el que un escritor africano traza una distinción entre la pobreza como subsistencia, y la miseria como carencia. Es útil separar un concepto cultural de una vida simple y sostenible entendida como pobreza, de la experiencia material de la pobreza como resultado del desposeimiento y la carencia.

La pobreza percibida como tal desde una perspectiva cultural no necesita ser una pobreza material real: las economías de subsistencia que satisfacen las necesidades básicas mediante el autoaprovisionamiento no son pobres en el sentido carencial del término. Sin embargo, la ideología del desarrollo las declara pobres por no participar de forma predominante en la economía de mercado, y por no consumir bienes producidos en el mercado mundial y distribuidos por él, incluso aunque puedan estar satisfaciendo las mismas necesidades mediante mecanismos de autoaprovisionamiento.

Se percibe a la gente como pobre si comen mijo (cultivado por las mujeres) en lugar de la comida basura procesada que es producida y distribuida de forma mercantil por los agronegocios globales. Se les ve como pobres si viven en viviendas hechas por ellos mismos a partir de materiales ecológicos como el bambú y el barro en lugar de hacerlo en casas de cemento. Se les ve como pobres si llevan ropa hecha a mano a partir de fibras naturales en lugar de sintéticas.

La subsistencia percibida culturalmente como pobreza no implica necesariamente una baja calidad de vida física. Por el contrario, porque las economías de subsistencia contribuyen al crecimiento de la economía de la naturaleza y de la economía social, aseguran una elevada calidad de vida en términos de alimentos y agua, sostenibilidad de los medios de vida, y una robusta identidad y significado social y cultural.

Por otro lado, la pobreza de 1 billón de personas hambrientas y de 1 billón de personas deficientemente alimentadas, víctimas de la obesidad, adolece tanto de pobreza material como cultural. Un sistema que crea la negación y la enfermedad, mientras acumula trillones de dólares de megabeneficios para los agronegocios, es un sistema diseñado para crear la pobreza para la gente. La pobreza es un estado final, no un estado inicial de un paradigma económico, el cual destruye los sistemas ecológicos y sociales que mantienen la vida, la salud y la sostenibilidad del planeta y de la gente.

Y la pobreza económica es sólo una de las formas de la pobreza. La pobreza cultural, la pobreza social, la pobreza ética, la pobreza ecológica, la pobreza espiritual son otras formas de pobreza con mayor prevalencia en el así denominado rico Norte, que en el Sur, denominado pobre. Y estas otras pobrezas no se pueden borrar con dólares. Necesitan compasión y justicia, cuidados y formas de compartir.

Poner fin a la pobreza requiere conocer los mecanismos por los cuales se crea. De todos modos, Jeffrey Sachs considera la pobreza como el pecado original. Cuando declara:

“Hace unas pocas generaciones, casi todo el mundo era pobre. La Revolución Industrial creó nuevos ricos, pero gran parte del mundo fue dejada atrás”.

Ésta es una historia de la pobreza completamente falsa, y no debe ser la base para una historia de la pobreza. Jeffrey Sachs lo ha entendido mal. Los pobres no son los que quedaron atrás, sino los que son empujados hacia afuera y excluidos del acceso a su propia riqueza y sus propios recursos.

Los "pobres no son pobres por ser vagos o porque sus gobiernos sean corruptos". Son pobres porque otros se han apropiado de su riqueza, destruyendo su capacidad para crearla. Las riquezas acumuladas por Europa se basaron en las riquezas arrebatadas a Asia, África y Latinoamérica. Sin la destrucción de la rica industria textil de la India, sin la aparición del comercio de especias, sin el genocidio de las tribus indígenas americanas, sin la esclavitud africana, la revolución industrial no habría creado nuevas riquezas para Europa o los Estados Unidos. Fue la violenta absorción de los recursos del Tercer Mundo y de los mercados del Tercer Mundo lo que creó la riqueza en el Norte – pero simultáneamente creó la pobreza en el Sur.

Dos mitos económicos facilitan el separar dos procesos ligados íntimamente: el crecimiento de la opulencia y el crecimiento de la pobreza. En primer lugar, se ve el crecimiento sólo como crecimiento del capital. Lo que se deja de percibir es la destrucción de la naturaleza y de la economía de subsistencia de la gente que crea este crecimiento. Las dos "externalidades" del crecimiento creadas simultáneamente – la destrucción medioambiental y la creación de la pobreza – son vinculadas luego de forma incidental, no a los procesos de crecimiento, sino entre sí. Se afirma que la pobreza crea destrucción medioambiental. Y se ofrece la enfermedad como remedio: el crecimiento resolverá los problemas de la pobreza y la crisis medioambiental, a los que inicialmente dio lugar. Éste es el primer mensaje del análisis de Jeffrey Sachs.

El segundo mito que separa la opulencia de la pobreza es suponer que si produces lo que consumes es que no produces. Ésta es la base en que se trazan los límites de la producción para las contabilidades nacionales que miden el crecimiento económico. Ambos mitos contribuyen a la mistificación del crecimiento y del consumismo, pero también ocultan los procesos reales que crean la pobreza.

En primer lugar, la economía de mercado dominada por el capital no es la única economía; no obstante, el desarrollo se ha basado en el crecimiento de la economía de mercado. Los costes invisibles del desarrollo han sido la destrucción de otras dos economías: la de los procesos de la naturaleza y la de la supervivencia de la gente. Ignorar o descuidar estas dos economías vitales es la razón por la cual el desarrollo ha planteado una amenaza de destrucción ecológica y una amenaza a la supervivencia humana, habiendo permanecido ambas, sin embargo, como "ocultas externalidades negativas" del proceso de desarrollo.

En lugar de verse como resultados de la exclusión, se presentan como "dejados atrás". En lugar de verse como los que sufren la peor carga de un crecimiento injusto bajo la forma de pobreza, se les presenta erróneamente como aquellos que no han sido tocados por el crecimiento. Esta falsa separación entre los procesos que crean la opulencia y los que crean la pobreza se encuentran en el corazón del análisis de Jeffrey Sachs. Por eso sus recetas agravarán y profundizarán la pobreza en lugar de ponerle fin.

El comercio y el intercambio de bienes y servicios siempre han existido en las sociedades humanas, pero estaban sujetos a las economías de la naturaleza y de la gente. La elevación del dominio del mercado y del capital creado por el hombre a la posición de principios organizadores supremos ha llevado a descuidar y destruir los otros dos principios organizadores – la ecología y la supervivencia – que mantienen y sostienen la vida en la naturaleza y en la sociedad.

Las economías y conceptos del desarrollo modernos apenas cubren una ínfima parte de la historia de la interacción humana con la naturaleza. Durante siglos los principios de la sostenibilidad han proporcionado a las sociedades humanas la base material para sobrevivir, obteniendo sus medios de vida directamente de la naturaleza a través de mecanismos de autoaprovisionamiento. Se han respetado los límites de la naturaleza y éstos han marcado los límites del consumo humano. En la mayoría de los países del Sur, gran cantidad de personas continúan obteniendo su sustento en la economía de supervivencia que permanece invisible al desarrollo orientado hacia el mercado.

Todas las personas en todas las sociedades dependen de la economía de la naturaleza para su supervivencia. Cuando el principio organizador de la relación entre la sociedad y la naturaleza es la sostenibilidad, la naturaleza se ofrece como propiedad común. Se convierte en un recurso cuando los beneficios y la acumulación se vuelven principios organizadores y dictan imperativamente la explotación de los recursos para el mercado.

Sin agua limpia, suelos fértiles y cosechas y diversidad genética botánica, la supervivencia humana no es posible. Esta propiedad común ha sido destruida por el desarrollo económico, dando lugar a la creación de una nueva contradicción entre la economía de los procesos naturales y la economía de supervivencia, porque la gente privada de sus tierras y medios de supervivencia tradicionales por parte del desarrollo es obligada a sobrevivir en una naturaleza cada vez más degradada.

La gente no muere por falta de ingresos. La gente muere por falta de acceso a los recursos. También aquí se equivoca Jeffrey Sachs cuando dice: "En un mundo de abundancias, mil millones de personas son tan pobres que sus vidas están en peligro." Los indígenas en la Amazonía, las comunidades montañesas en el Himalaya, los campesinos cuyas tierras no han sido expropiadas y cuyas aguas y biodiversidad no ha sido destruida por la deuda para crear una agricultura industrial poseen riqueza ecológica, incluso aunque no ganen un dólar al día.

Por otra parte, incluso con cinco dólares al día la gente es pobre si tiene que comprar los productos más básicos a precios elevados. Los campesinos indios convertidos en pobres y empujados hacia la deuda durante las pasadas décadas para crear mercados para las costosas semillas y productos agroquímicos a través de la globalización económica están poniendo fin a sus vidas por millares.

Cuando se patentan las semillas y los campesinos han de pagar un trillón de dólares US en concepto de royalties, su pobreza aumenta en un trillón de dólares USdólares US. Las patentes médicas aumentan los costes de los medicamentos para el SIDA de 200 $ US a 20.000 $ US, y los medicamentos para el cáncer de 2.400 $ US a 36.000 $ US para un año de tratamiento. Cuando se privatiza el agua y las corporaciones mundiales ganan un trillón de dólares US por convertir el agua en un bien negociable, los pobres aumentan su pobreza en 1 trillón de dólares US.

Los movimientos contra la globalización económica y el maldesarrollo son movimientos para poner fin a la pobreza poniendo fin a las exclusiones, a las injusticias y a la insostenibilidad ecológica, raíces de la pobreza.

Los 50.000 millones de dólares US de "ayuda" del Norte al Sur son una décima parte de los 500.000 millones de dólares US que fluyen del Sur al Norte en concepto de pago de intereses y otros mecanismos injustos de la economía global impuestos por el Banco Mundial y el FMI. Con la privatización de los servicios esenciales y la globalización injusta impuesta a través de la OMC se convierte a los pobres en más pobres.

Los campesinos indios están perdiendo anualmente 26.000 millones de dólares US por la caída de los precios agrícolas debidos al dumping y a la liberalización del comercio, aresultas de una globalización injusta, que está haciendo que las empresas se hagan cargo de la comida y del agua. Más de 5 billones de dólares US van a ser transferidos por la gente pobre a los países ricos, sólo por la comida y el agua. Los pobres están financiando a los ricos. Si nos tomáramos en serio lo de poner fin a la pobreza, tendríamos que poner fin seriamente a los sistemas injustos y violentos que para crear riqueza crean pobreza robando a los pobres sus recursos, medios de vida e ingresos.

Jeffrey Sachs pasa por alto deliberadamente estos actos de "tomar" y sólo habla de "dar", lo que significa un mero 0,1% de lo que "toma" el Norte. Poner fin a la pobreza es más una cuestión de tomar menos que de añadir una cantidad insignificante a lo que se da. Para convertir la pobreza en historia se necesita primeramente elaborar una historia real de la pobreza. Y Sachs lo ha entendido rematadamente mal.

 


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LA DEMOCRACIA DE LA TIERRA. Vandana Shiva.

¿De qué trata su libro Earth Democracy?

Earth Democracy trata realmente sobre la vida más allá de la globalización corporativa. Sobre otro modelo, sobre otras maneras de actuar, y no sólo en el futuro sino sobre el mundo que se está constituyendo aquí y ahora.

Usted afirma que necesitamos evolucionar desde una democracia agonizante a una democracia viva. ¿Puede explicar qué quiere decir?

Lo primero que quiero decir es que la democracia que tenemos está realmente muerta en cuanto que no responde ya a los deseos de la gente. Tanto si se trata de gobiernos que van a la guerra contra la voluntad de los pueblos como si se trata de gobiernos que imponen alimentos transformados genéticamente. La muerte de la democracia se produce cuando la gente no tiene libertad. También digo que es una democracia muerta porque se sirve de las “libertades” de las corporaciones para aniquilar a las personas. Para mí, el ejemplo más dramático de esto ha sido el que 40.000 campesinos se quitaran la vida en una década a consecuencia de las normas de la globalización corporativa. Y cuando esas normas se impulsan en nombre de la libertad, entonces es una democracia asesina.

¿Cómo sería una democracia viva?

Una democracia viva es aquella en la que la gente puede tomar decisiones sobre sus vidas e influir sobre las condiciones en las que vive- cómo cultivar sus alimentos, en qué condiciones se producen sus ropas; la libertad de elegir cómo se educan sus hijos; la libertad de establecer las condiciones de acceso a la sanidad. Eso es una democracia viva. Para la gente, una democracia viva es la que se reina en donde ellos están. Una democracia viva es aquella que afecta a todos los aspectos de la vida, no sólo de la vida humana, porque nos encontramos en un momento de la evolución en el que cualquier libertad de la especie humana debe incluir la de otras especies, si no nunca tendremos libertad humana.

Un informe reciente de la ONU sobre el Desarrollo Mundial del Agua afirma que el 20 por ciento de la población mundial no tiene acceso a agua potable. ¿Cómo gestionaría una democracia viva las reservas de agua?

Yo he visto como este magnífico país, India, se ha convertido de un país donde todas las comunidades tenían agua- bien por medio de pozos o procedente de los arroyos primaverales o de los ríos- en parte de ese 20 por ciento que no tiene acceso a ella. La escasez de agua ha sido consecuencia de la tala comercial de los bosques. El primer movimiento en el que participé como joven activista y científica fue el de Chipko, para detener la tala con el fin de defender nuestros ríos y nuestros arroyos. El agua se destruye cuando Coca-Cola consume entre un millón y medio y dos millones de litros diarios en cada una de sus fábricas. Esa escasez es la que movió a las mujeres de Plachimada a cerrar una de las plantas de Coca-Cola en su pueblo. Es esa misma escasez la que ha llevado a la gente a luchar contra otras 50 fábricas de Coca-Cola que habían destruido agua. El agua quedó afectada cuando el Banco Mundial y Estados Unidos nos impusieron la denominada Revolución Verde en 1965-1966. No fue una revolución verde porque se basaba en el riego intensivo- un cultivo que necesita diez veces más agua-. Todo ello ha originado un profundo descenso de los acuíferos y el llenar de presas nuestros ríos. Todas las comunidades que viven aguas abajo de un río con una presa, carecen de agua. Todas las comunidades de una región en donde la “revolución verde” ha subvencionado el bombeo de las aguas subterráneas tienen los pozos secos, los aljibes secos, y se encuentran con una grave escasez de agua.

¿Cómo gestionaría una democracia viva los recursos de agua?

Los pueblos proporcionan agua, y los ríos muertos reviven, cuando las comunidades actúan conjuntamente y deciden cambiar del modelo de agricultura química a la agricultura orgánica. Nuestras aldeas, en una democracia viva, se comprometen a no permitir en sus pueblos los productos químicos, los organismos transformados genéticamente, o la privatización del agua. En una democracia viva, la gente puede usar diez veces menos agua sólo con usarla de forma ecológica y aprovechando cada gota. En una democracia viva, el agua pertenece a todos y se conserva colectivamente porque -al contrario de las explotaciones privadas- la conservación debe movilizar a la comunidad. No se puede conservar de forma individual sino de manera comunitaria

En su libro, a menudo se refiere a Gandhi y le cita. ¿Puede hablarnos sobre Gandhi como fuente de inspiración de La Democracia de la Tierra?

Mi más honda inspiración en Gandhi es el reconocimiento del swaraj, es decir de la autorregulación. Que no se limita al nivel nacional, sino también al nivel local y a nivel personal. Uno no se puede autorregular salvo que tenga autoorganización. De ahí que el concepto de democracia en el pensamiento de Gandhi se refiera a la capacidad última de la gente para organizar colectivamente sus vidas y su comunidad.

El segundo principio impactante de Gandhi en el que me he inspirado es el swadeshi, que significa la capacidad creativa de todos los seres humanos y de todas las comunidades para producir lo que necesitan. En la globalización, y en esta democracia asesina que tenemos, la idea es que todos deberíamos ser consumidores en lugar de productores de cosas y creadores de ideas y bienes. En eso reside la raíz de la pobreza. Es preciso que reivindiquemos nuestra capacidad de crear y producir.

Finalmente, creo que el mejor regalo que nos hizo es la consagración del rechazo a colaborar con normas injustas e inmorales. Él lo denominó satyagraha. Hace poco, nuestro Gobierno ha firmado lo que llamaría un Acuerdo Monsanto con el presidente Bush para promover en India cultivos y productos transformados genéticamente. Cuando nuestras leyes penalizan que los campesinos conserven las semillas pero permiten a Monsanto venderlas, como el algodón BT, y matan a nuestros campesinos, tenemos que mantenernos firmes y decir que no vamos a cooperar con esas leyes. Viviremos conformes con otras leyes superiores: las leyes del planeta, las leyes ecológicas, y las leyes humanas, nuestras leyes morales.

¿Cuáles cree usted que son los motivos para la aparición de los fundamentalismos y del terrorismo?

El reciente incremento de los fundamentalismos religiosos es, a mi juicio, la sombra de la globalización corporativa. Tiene sus raíces en la inseguridad que produce la globalización. La semana pasada, cuando se produjo un atentado terrorista en un templo de Varanasi- una de las ciudades más antiguas, con 5.000 años de existencia- ,en lugar de entrar en conflicto, los hindúes y los musulmanes se unieron en su diversidad y pluralismo y celebraron la llegada de la primavera, los colores de Holi, como ejemplo de nuestra diversidad. ¿Cuándo fracasa esa celebración de la diversidad? En primer lugar, cuando la gente se siente insegura y, en segundo, cuando los políticos no quieren una democracia económica, no quieren que la gente tome decisiones sobre lo que produce y lo que consume, y desvían el debate sobre la democracia hacia el odio y el miedo al Otro. En un contexto de inseguridad y en el marco de la muerte de la democracia económica, el crecimiento del fundamentalismo religioso termina por convertirse en el mejor yacimiento de voto cautivo. No resulta sorprendente que haya un crecimiento del fundamentalismo religioso en Estados Unidos. Como tampoco es una sorpresa que ese aumento del fundamentalismo religioso en India se iniciara en 1991,
tras la institucionalización de las nuevas políticas económica sobre liberalización del comercio.

El terrorismo tiene unas raíces parecidas. Es la reacción de aquéllos a quienes se les ha despojado de voz. El terrorismo es el grito de los sin voz. El terrorismo no se desarrolla si la democracia prospera porque ésta asegura que su voz se oye y la disidencia se tiene en cuenta. Aunque resulta evidente en todo el mundo que la cuestión terrorista es el problema de la carencia de oportunidades para influir en el propio destino, el terrorismo no se percibe en los medios de comunicación principales como la cólera de los desposeídos sino como el de gente que tiene algún defecto genético.

Nadie nace terrorista, sino que se convierte en terrorista. El hecho de que el terrorismo esté creciendo debería obligarnos a analizar qué es lo crea las condiciones para ese crecimiento. El caldo de cultivo es la codicia de las corporaciones que quieren controlar cada gota de agua, cada gota de petróleo, cada centímetro de tierra, cada germen en este planeta. Ese tipo de codicia produce enormes exclusiones. Esas exclusiones van a generar violentas respuestas si no se restaura rápidamente la democracia pacífica. La mayoría de la gente no es consciente de que en India ya están controlados grandes sectores por quienes se adhieren a ideologías basadas en la exclusión y que recurren a métodos violentos. Es un fenómeno inevitable si se desposee y excluye a millones de personas de sus auténticos medios de subsistencia y de libertad.

¿De qué forma las mujeres promueven las culturas centradas en la vida?

Las mujeres son promotoras de esas culturas a causa de la muy antigua división del trabajo, en la que se dejaba que las mujeres se ocuparan de la vida, mientras que los hombres se desentendían de ella para alcanzar la gloria, para llevar a cabo conquistas, y se mantenía a las mujeres en circunstancias menos favorables para obtener un trabajo asalariado. La división del trabajo encomendó a las mujeres conseguir el sustento y a los hombres el mercado. La experiencia en la supervivencia ahora es imprescindible para la creación de economías vivas, centradas en la vida, y las mujeres lo están haciendo, bien sea a través del ahorro de semillas, el ahorro de agua, o por la forma de compartirla. Por medio de la creación de sistemas ecológicos de producción de alimentos y el control descentralizado de la agricultura, las mujeres se encuentran a la cabeza de las reformas de una economía no dominada por el control patriarcal de las corporaciones mundiales. Habitualmente, se define el patriarcado dentro de los límites del hogar, sin embargo cada vez más las fuerzas patriarcales consideran este hermoso planeta como si fuera su casa, en la que les gustaría disponer de todo el poder, capacidad, creatividad y productividad al margen de las mujeres. Pero las mujeres están decididas a no consentirlo. Hace dos semanas, precisamente, tuvimos una celebración en nuestra granja con 150 mujeres miembros de Navanya, el movimiento que puse en marcha, y todas ellas se comprometieron a mantener la seguridad alimentaria en sus manos; a conservar las semillas en sus manos, y no como una retórica vacía, ni como un simple slogan, sino como una manera cotidiana de vivir y que establece una diferencia fundamental.

¿Cómo evolucionar desde el mundo en el que vivimos hacia la democracia de la Tierra?

Creo que lo primero que hay que hacer es centrar nuestras vidas en la Tierra y no en la dependencia de las corporaciones o en la institución denominada Organización Mundial del Comercio, que sólo tiene diez años de existencia. Por supuesto, cada uno de nosotros estamos en diferentes puestos: algunos como profesores, otros como científicos, otros como jóvenes en paro, otros trabajan en condiciones de esclavitud. Cada uno desde sus diferentes circunstancias, y cada uno tenemos que empezar esa recuperación desde el lugar donde nos encontremos. Tenemos que unir nuestras manos con otros que pueden estar haciendo las mismas cosas que nosotros u otras diferentes. Eso realmente no importa. Tomemos como ejemplo los alimentos: cada uno de nosotros puede tomar decisiones: si los alimentos que comemos son compatibles con la democracia de la tierra o si sirven para que reforcemos la globalización corporativa. Con cada gota de agua que bebamos se plantea una elección parecida. La energía que consumimos plantea la elección entre una democracia de la Tierra o la dictadura de nuestra época. Las elecciones son ilimitadas, sólo tenemos que empezar a reconocer que nunca se da una situación en la que cualquier ser humano no tenga posibilidad de elegir. Y si no existe posibilidad de hacerlo entonces, al menos, se puede elegir decir que no.

¿Puede hablarnos sobre la gestación de este libro?

El libro surgió por dos razones: una de ellas, el que durante demasiado tiempo el movimiento de gentes que defienden su libertad ha sido etiquetado como movimiento contra la globalización. Y se ha dicho de forma repetida que “Esas gentes saben lo que no quieren pero no tienen idea alguna de lo que quieren.” Pensé que había llegado el momento de decir, a quienes creen que no sabemos lo que queremos, que lo sabemos muy bien, y que por ello, cuando la globalización corporativa se venga abajo por su falta de sostenibilidad ecológica y social, estaremos allí.

La segunda razón para escribir el libro fue porque me di cuenta de que los movimientos populares eran fuertes y podían serlo más si reconocían que no importaba lo diferentes que fueran- unos trabajando por el respeto de los derechos humanos, otros en defensa de las especies salvajes, otros por la soberanía alimentaria de los pequeños agricultores y sus familias en todo el mundo- porque cada uno de ellos eran una pieza del mosaico, parte de un tejido en el que se combinaban el cuidado de la Tierra y la defensa de las condiciones de la vida humana en el planeta, al mismo tiempo que se esforzaban por conseguir la justicia social. Todos esos esfuerzos no eran aislados, eran similares y realmente eran esfuerzos por la paz. Creaban las condiciones para la paz en una época en la que se nos dice continuamente que el camino hacia la paz es más guerra y más violencia.

¿Puede hablarnos de cómo surgió su conciencia política y ecológica?

Mi conciencia política y ecológica se ha desarrollado en varias etapas. Yo era una física entusiasta de la energía nuclear que me formaba para entrar en nuestra elite de la energía nuclear. Mi hermana, que era médico, me concienció de algo en lo que los físicos nucleares nunca piensan: que las radiaciones nucleares son peligrosas para la salud. Fue la primera vez en que me desperté a un mundo más allá de las inofensivas ecuaciones.

Mi siguiente paso fue el participar activamente en el movimiento Chipko cuando comprobé que los bosques del Himalaya iban desapareciendo a toda velocidad. Yo había crecido en sus bosques. Mi padre había sido conservador forestal y en mi infancia y juventud había observado un cambio terrible, lo que me llevó a convertirme en voluntaria del movimiento. El paso siguiente se produjo en 1982 cuando el ministerio de medio ambiente empezó a pedirme estudios. Ello llevó a la creación de la Research Foundation for Science, Technology, and Ecology. A través de ella realicé estudios participativos con comunidades y actividades de investigación que tuvieron éxito. Ganamos pleitos legales, conseguimos parar minas, monocultivos y la cría de langostinos.

El siguiente momento clave fue en 1994, el año en que sufrimos el crecimiento del terrorismo en Punjab. Estudié el Punjab para comprender por qué la tierra de la revolución verde, que había recibido el Premio Nobel de la Paz, se había convertido en una tierra de guerra. Empecé a establecer conexiones entre la violencia, el fundamentalismo, el terrorismo, la degradación ecológica, los sistemas económicos no democráticos y el desarrollo contra la voluntad de los pueblos. Fue el mismo año del desastre de Bhopal, que mató a 3.000 personas en una noche y que desde entonces ha ocasionado la muerte de un total de 30.000. Me vi obligada a examinar la agricultura industrial como un sistema bélico. Y me comprometí con la agricultura ecológica como sistema pacífico.

En 1987 me invitaron a una reunión donde las corporaciones presentaron sus planes para patentar semillas, semillas genéticamente modificadas, y conseguir tratados de libre comercio para impedir que nadie más tuviera libertad para hacer las cosas a su manera y cultivar sus propios alimentos. Decidí que tenía que empezar a recoger semillas y a proteger la biodiversidad. Desde entonces he trabajado con millones de campesinos para decir no a la OMC y al GATT, y con miles de agricultores- 200.000- para poner en marcha una alternativa.

He mencionado los suicidios de agricultores. El año 2006 ha sido, para mí, el año en el que he empleado una gran parte de mis energías en generar esperanza entre nuestras comunidades de campesinos, para que el callejón sin salida, las economías genocidas y las economías suicidas no sean la única salida. Podemos crear nuestras propias economías y no tenemos que esperar hasta que nuestro Gobierno nos diga cómo hacerlo. Sólo necesitamos volvernos hacia nosotros mismos para obtener el permiso.

GLOBALIZACION Y POBREZA

 
Globalización y pobreza*
Vandana Shiva

La globalización económica está llevando a una concentración de la industria semillera, al uso creciente de pesticidas y, finalmente, al crecimiento de la deuda. La agricultura de capital intensivo, controlada corporativamente, se ha estado extendiendo a regiones donde los campesinos son pobres, pero en donde hasta ahora habían sido autosuficientes en materia de alimentos. En las regiones en donde se ha introducido mediante la globalización la agricultura industrial, con los altos costos se ha hecho imposible la supervivencia de los pequeños agricultores. La globalización de la agricultura industrial no sostenible ha ido evaporando literalmente los ingresos de los agricultores del Tercer Mundo, a través de una combinación de devaluación monetaria, aumento de los costos de producción y un colapso en el precio de las mercancías.

Visité Bhatinda, en el Punjab, a consecuencia de una epidemia de suicidios entre los campesinos. El Punjab fue alguna vez la más próspera región agrícola de la India. Hoy, cada campesino está desesperado y endeudado, vastas extensiones de tierra se han transformado en desiertos. Y como lo señaló un viejo agricultor: “aún los árboles han dejado de dar frutos debido a que el fuerte uso de pesticidas ha matado a los polinizadores: las abejas y las mariposas“.

El Punjab no está solo en este desastre ecológico y social. El último año estuve en Warangal, en Andhra Pradesh, donde también los campesinos se estaban suicidando, agricultores que tradicionalmente cultivaban legumbres, mijo y arroz habían sido atraídos por las compañías semilleras para comprar semillas híbridas de algodón, señaladas por los mercaderes como “oro blanco” y que supuestamente los haría millonarios. Al contrario, ellos se transformaron en mendigos. Sus semillas nativas habían sido desplazadas por nuevos híbridos que no podían ser almacenados y debían ser comprados cada año a un alto costo. Los híbridos eran también muy vulnerables a los ataques de las plagas. Los gastos en pesticidas en Warangal se incrementaron en un 2000 %, desde 2.5 millones en 1980 a 50 millones en 1997. Ahora los campesinos se están suicidando con estos mismos pesticidas para escapar permanentemente de deudas que ya no pueden pagar. El 27 de marzo, Betavati Rattan, de 25 años se quitó la vida porque no pudo pagar las deudas de un tubo de drenaje en su predio de 2 acres. Las cisternas ahora están secas, como lo están las cisternas en Gujarat y en Rajasthan, donde más de 50 millones de gentes se enfrentan a la muerte por hambre.

La sequía no es “un desastre natural”, ha sido “hecha por el hombre”. Es el resultado de la extracción de la escasa agua subterránea de las regiones áridas para alimentar los sedientos cultivos de exportación en vez de los cultivos locales menos consumidores de líquidos.

Son experiencias como éstas las que me han enseñado que estamos muy equivocados con respecto a la economía global y que es preciso detenernos a pensar acerca del impacto de la globalización sobre la vida de la gente común. Esto es vital para alcanzar la sostenibilidad.

Seattle y las protestas del último año en contra de la Organización Mundial de Comercio nos obligan a todos a pensar de nuevo. A través de esta serie de conferencias muchos ponentes se han referido a aspectos del desarrollo sostenible dando por establecida la globalización. Para mí, ya es hora de reevaluar radicalmente lo que estamos haciendo. Ya que lo que hacemos a los pobres en nombre de la globalización es brutal e imperdonable. Esto es especialmente evidente en India, en donde tenemos testimonios de los desastres que despliega la globalización, especialmente, en lo que se refiere a alimentación y agricultura.

¿Quién alimenta al mundo? Mi respuesta es muy diferente a la que da la mayoría de la gente. Son las mujeres y los pequeños campesinos que trabajan con la biodiversidad, los principales proveedores de alimento en el Tercer Mundo y, al contrario de la opinión dominante, sus pequeñas parcelas basadas en la biodiversidad son más productivas que los monocultivos industriales.

La rica diversidad y los sistemas sostenibles de producción alimenticia están siendo destruidos en nombre de la creciente producción de alimentos. Sin embargo, con la destrucción de la diversidad desaparecen ricas fuentes de nutrición. Cuando se mide en términos de nutrientes por acre, y desde la perspectiva de la biodiversidad, la tan cacareada “alta productividad” de la agricultura industrial o de las pesquerías industriales no implica más producción de alimentos.

La productividad usualmente se refiere a la producción por unidad de área de un único cultivo. El resultado se refiere a la producción total de diversos cultivos y productos. Al plantar un campo completo con sólo un cultivo, como monocultivo, por supuesto que aumentará la productividad individual.

Al plantar varios cultivos en una mezcla que tendrá bajas productividades de cultivos individuales, se logrará, sin embargo, una cosecha de alimentos más alta. La productividad ha sido definida de tal manera que prácticamente ignora la producción de las pequeñas parcelas. Desde la perspectiva de la biodiversidad, la productividad basada en la biodiversidad es más alta que la productividad del monocultivo. Esta ceguera ante la alta productividad de la diversidad la llamo: “una monocultura de la mente”, que crea monocultivos en nuestros campos y en nuestro mundo.

Los campesinos mayas en Chiapas, México, son caracterizados como no productivos porque rinden sólo dos toneladas de maíz por acre. Sin embargo, la producción de alimentos completa es de 20 toneladas por acre cuando se consideran también sus frijoles y sus calabacitas, sus verduras y los árboles frutales.

Investigaciones hechas por la FAO demuestran que las pequeñas fincas con biodiversidad pueden producir mil veces más alimentos que los grandes cultivos industriales. Y que la diversidad, además de dar más alimentos, es la mejor estrategia para prevenir la sequía y la desertificación.

Lo que necesita el mundo para alimentar una población creciente de modo sostenible es la intensificación de la biodiversidad, no la intensificación química ni la intensificación de la ingeniería genética. Mientras las mujeres y los pequeños campesinos alimentan al mundo mediante la biodiversidad, se nos dice insistentemente que sin ingeniería genética y sin globalización de la agricultura el mundo se morirá de hambre. En contra de toda la evidencia empírica, que muestra que la ingeniería genética no produce más alimentos y que en los hechos a menudo conlleva una declinación productiva, se promueve constantemente como la única alternativa a nuestro alcance para enfrentar el hambre. Es por eso que pregunto: ¿quién alimenta al mundo?

La deliberada ceguera ante la diversidad, la producción de la naturaleza, la producción de las mujeres, la producción de los campesinos del Tercer Mundo, conduce a que la destrucción y la expropiación sean proyectadas como creación. Consideremos el caso del tan alabado “arroz de oro” o de la vitamina A del arroz genéticamente modificado, como una cura para la ceguera. Se asume que sin la ingeniería genética no podemos remover la deficiencia en vitamina A. Sin embargo, la naturaleza nos da abundantes y diversas fuentes de vitamina A. Si el arroz no se descascara, ese mismo arroz provee vitamina A. Si no se aplicaran herbicidas a nuestros campos de granos tendríamos bathua, amaranto, hojas de mostaza tan deliciosas, así como verdura, todas las que proveen vitamina A.

El modo más eficiente de conducir a la destrucción de la naturaleza, de las economías locales y de los pequeños productores autónomos, es hacer invisible su producción. Las mujeres que producen para sus familias y comunidades son tratadas como “no productivas” y “económicamente inactivas”. La devaluación del trabajo de las mujeres y del trabajo realizado en las economías sostenibles es el resultado natural de un sistema construido por el patriarcado capitalista. Es así como la globalización destruye las economías locales y como la misma destrucción es asumida como crecimiento.

Muchas mujeres en las comunidades rurales e indígenas trabajan cooperativamente con los procesos de la naturaleza, pero su trabajo es a menudo contradictorio con las orientaciones de “desarrollo de mercado” y con las políticas comerciales. Y dado a que el trabajo que satisface necesidades y asegura sostenimiento es devaluado, en general, hay poca consideración por la vida y los sistemas que sustentan la vida.

La devaluación e invisibilidad de lo sostenible de la producción regenerativa es más clara en el área de la alimentación. En tanto la división del trabajo patriarcal ha asignado a las mujeres el rol de alimentar a sus familias y comunidades, la economía y las tecnologías patriarcales y los puntos de vista científicos hacen que el trabajo de las mujeres en la provisión de alimento desaparezca. “Alimentar al mundo” viene a estar
disociado de las mujeres que corrientemente realizan este trabajo y es proyectado como dependiente del agro ‘business’ global y de las corporaciones biotecnológicas. Sin embargo, la industrialización y la ingeniería genética de los alimentos y la globalización del comercio en la agricultura son recetas para crear hambre, no para alimentar al pobre.

En todas partes, la producción de alimentos ha llegado a ser una economía negativa, con agricultores que gastan más en comprar costosos insumos industriales que superan el precio de lo que reciben por su producto. La consecuencia es el aumento de las deudas y la epidemia de suicidios tanto en los países pobres como en los ricos.

A los campesinos de todas partes del mundo se les ha estado pagando, por la misma mercancía, una fracción de lo que recibían hace una década. El Sindicato Nacional de Agricultores de Canadá lo señala de la siguiente manera en un informe del último año: “Mientras los agricultores que siembran granos –maíz, trigo, avena— obtienen retornos negativos y son empujados al borde de la bancarrota, las compañías que elaboran cereales para el desayuno obtienen grandes ganancias. En 1998, compañíacerealeras como Kellog’s, Quaker Oats y General Mills gozaron de retornos equivalentes a tasas del 56%,165% y 222%, respectivamente. En tanto que un bushel de maíz se vendía a US $4, un bushel de cornflakes tenía un precio de US$133.... Quizás los agricultores estaban recibiendo demasiado poco porque otros obtenían demasiado.”

En tanto los campesinos ganaban menos, los consumidores pagaban más. En India, los precios de la comida se han doblado entre 1999 y el 2000. El consumo de alimentos basados en granos ha disminuido en un 12%. El alza en las tasas de crecimiento a través del comercio global se basa en seudo-excedentes. Se comercializa más alimentos mientras el pobre consume menos. Cuando el crecimiento hace crecer la pobreza, cuando la producción real llega a ser una economía negativa y los especuladores son definidos como “creadores de riqueza”, es que algo anda mal en los conceptos y categorías de riqueza y de creación de riqueza. El empujar la producción real de la naturaleza y de la gente hacia una economía negativa implica que la producción de mercancías y servicios reales decline, y que se esté generando una miseria más profunda para millones que no son parte del “dot.com” de la creación instantánea de riquezas.

La globalización del sistema alimentario está destruyendo la diversidad de las culturas en materia de comida y también a las industrias alimenticias locales. Una monocultura global se impone a la gente definiendo todo lo que es fresco, local o hecho a mano como un riesgo para la salud. Las manos humanas han sido definidas como el peor contaminante y el trabajo de las manos humanas ha sido puesto fuera de
la ley, reemplazándolo por máquinas y químicos comprados a lascorporaciones globales. No hay recetas para alimentar al mundo, salvo robar los medios de vida de los pobres para crear mercados para los poderosos. A la gente se la percibe como parásitos a ser exterminados para la ‘salud’ de la economía global.

En el proceso, nuevos riesgos para la salud y la ecología se han impuesto sobre el Tercer Mundo a través del ‘dumping’de alimentos genéticamente modificados y otros productos peligrosos. Recientemente, por culpa de la OMC, India ha sido forzada a levantar las restricciones sobre todas las importaciones. Entre las importaciones sin restricciones están las carcasas y desechos de animales que crean una amenaza a nuestra cultura e introducen riesgos a la salud pública, tales como la enfermedad de las Vacas Locas.

El Centro de los EEUU para Prevención de Enfermedades, en Atlanta, ha calculado que en los EEUU ocurren cerca de 81 millones de casos de enfermedad que se originan en la comida. Las muertes por toxicidad de la comida ha subido cuatro veces debido a la falta de regulaciones. La mayoría de estas infecciones tienen su causa en la carne industrializada.

Lo que le sobra a los ricos se le arroja a los pobres. La riqueza del pobre es apropiada violentamente mediante métodos nuevos e inteligentes, como las patentes sobre la biodiversidad y el conocimiento indígena. Se supone que las patentes y los derechos de propiedad intelectual están reservados para los nuevos inventos. Pero las patentes se han reclamado por variedades de arroz, tales como el ‘asmati’ por el que mi valle, en donde nací, es famoso, o pesticidas derivados del Neem, que ya usaban nuestras madres y abuelas.

Tales falsos reclamos de creación son ahora norma global, con el ‘Trade Related Intellectual Property Right Agreement’ de la OMC, que obliga a los países a introducir regímenes que permiten patentar formas de vida y el conocimiento indígena.

En vez de reconocer que los intereses comerciales se construyen sobre la naturaleza y la contribución de otras culturas, la ley global ha elevado a los altares el mito patriarcal de la creación para crear nuevos derechos de propiedad sobre formas de vida, del mismo modo como el colonialismo usó el mito del descubrimiento como base para hacerse de las tierras de otros como colonias.

Los humanos no crean la vida cuando la manipulan. El reclamo de Rice Tec, en el sentido de que ha “inventado una nueva variedad de arrroz”, o la declaración del Instituto Roslin de que Ian Wilmut “creó” a Dolly, niegan la creatividad de la naturaleza, la capacidad autorganizadora de las formas de la vida y las innovaciones anteriores de las comunidades del Tercer Mundo. Se supone que las patentes y los derechos de propiedad intelectual son un preventivo contra la piratería. Pero en vez de eso han llegado a ser los instrumentos de la piratería del conocimiento tradicional común de los pobres del Tercer Mundo al tornarlo como “propiedad” de los científicos occidentales y de las corporaciones.

Cuando se otorgan patentes sobre las semillas y las plantas, como en el caso del ’ basmati’, el robo se define como creación, y la salvación y el compartir las semillas se define como robo de la propiedad intelectual. Las corporaciones que poseen amplias patentes sobre cultivos como el algodón, el frijol de soya, la mostaza, persiguen a los campesinos si éstos guardan la semilla o si la comparten con sus vecinos.

Compartir e intercambiar, las bases de nuestra humanidad y de nuestra sobre vivencia ecológica, han sido definidos como un crimen. Esto nos empobrece a todos. La naturaleza nos dio abundancia y el conocimiento de las mujeres sobre la biodiversidad, la agricultura y la nutrición construyó sobre esa abundancia para hacer más de menos, para crear crecimiento mediante la donación generosa.

Los pobres son empujados hacia una pobreza más profunda al obligarlos a pagar lo que es de ellos. Hasta los ricos se hacen más pobres ya que sus ganancias se basan en el robo y en el uso de la coerción y la violencia. Esto no es creación de riqueza, sino saqueo. La sostenibilidad requiere de la protección de todas las especies y de toda la gente y del reconocimiento de que diversas especies y distintos pueblos juegan un rol esencial en el mantenimiento de los procesos ecológicos. Los polinizadores son cruciales para la fertilización y generación de las plantas. La biodiversidad en los campos provee vegetales, forrajes, medicina y protección del suelo contra la erosión del viento y del agua.

A medida que los humanos profundizan en la negación de la sostenibilidad, se vuelven más intolerantes con las otras especies y ciegos respecto al papel tan vital que ellas cumplen para nuestra sobre vivencia.

En 1992, cuando campesinos de India destruyeron la planta de semillas de Cargill en Bellary, Karnataka, protestando por el fracaso de estas semillas, el presidente de la Cargill dijo: “Nosotros les trajimos a los agricultores de la India tecnologías inteligentes que evitaban que las abejas usurparan el polen”. Cuando participaba en las Negociaciones de las Naciones Unidas para la Salud de la Vida, Monsanto hizo circular literatura para defender su herbicida resistente Roundup , sobre la base de que evitaba “que las malezas se robaran la luz del sol”. Pero, lo que Monsanto llamaba “malezas” eran los campos verdes que proveían arroz con vitamina A, que prevenía la ceguera en los niños y la anemia en las mujeres.

Una visión del mundo que define la polinización como “el robo de las abejas” y que declara que la biodiversidad “ roba el sol”, es una visión del mundo que tiene como objetivo robar las cosechas de la naturaleza y reemplazarlas abiertamente por variedades polinizadas con híbridos y semillas estériles, mientras destruye la flora biodiversa con herbicidas como el mencionado Roundup. La amenaza proyectada sobre la mariposa Monarca por cultivos con ingeniería genética-BT, es también un ejemplo de la pobreza ecológica creada por las nuevas biotecnologías. Mientras las abejas y las mariposas desaparecen, la producción es socavada. A medida que desaparece la biodiversidad, con ella se van las fuentes de la nutrición y de la alimentación.

Cuando las grandes corporaciones ven a los pequeños campesinos y a las abejas como ladrones, y mediante normas de comercio y nuevas tecnologías buscan el derecho a exterminarlos, la humanidad ha alcanzado un umbral peligroso. El imperativo de pisotear hasta al más pequeño insecto, la más pequeña planta, al más pequeño campesino, surge de un miedo profundo: el miedo a todo lo que esté vivo y sea libre. Y este profundo miedo, esta profunda inseguridad está desencadenando la violencia contra todos los pueblos y todas las especies.

La economía global de libre mercado ha llegado a ser una amenaza a la sostenibilidad, y la misma sobrevivencia de los pobres y de las demás especies está en juego, no como un efecto lateral o como una excepción, sino de un modo sistemático a través de la reestructuración de nuestra visión del mundo desde sus bases más fundamentales. La sostenibilidad, la solidaridad y la supervivencia han sido puestas económicamente fuera de la ley en nombre de la competitividad y de la eficiencia del mercado.

El mundo puede ser alimentado sólo alimentando a todos sus seres, que son los que hacen posible al mundo. Al proporcionar alimentos a otros seres y especies, mantenemos a la par las condiciones para nuestra propia seguridad alimenticia. Al alimentar a las lombrices de la tierra, nos estamos alimentando nosotros. Al alimentar a las vacas, alimentamos al suelo, y al alimentar al suelo, proveemos de alimentos a los humanos. Esta visión del mundo en abundancia, se basa en compartir y en una profunda percepción de los humanos como miembros de la familia terrestre. Esta percepción de que empobreciendo a otros seres nos empobrecemos nosotros, y que al alimentar a otros seres, nos alimentamos nosotros, es la base real de la sostenibilidad.

El reto de la sostenibilidad para el nuevo milenio es si el hombre económico global puede salir de la visión del mundo basada en el miedo, la escasez, los monocultivos y los monopolios, la apropiación y la carencia, y cambiar a una visión basada en la abundancia y la solidaridad, la diversidad y la descentralización, el respeto y la dignidad para todos los seres.

La sostenibilidad demanda que salgamos del entrampamiento económico que deja sin espacio a otras especies y otros pueblos. La Globalización Económica ha llegado a ser una guerra contra la naturaleza y contra los pobres. Pero, las reglas de la globalización no han sido dadas por Dios. Pueden ser cambiadas. Deben cambiarse. Debemos llevar esta guerra hasta el final.

Desde Seattle, una frase usada muy frecuentemente ha sido la necesidad de un sistema basado en normas. La Globalización es la norma del comercio y ha elevado a Wall Street a ser la única fuente de valor. Como resultado, cosas que tienen valores más elevados — como la naturaleza, la cultura y el futuro— han sido devaluadas y destruidas. Las normas de la Globalización están socavando las normas de la justicia y de la sostenibilidad, de la compasión y de la generosidad. Debemos salirnos del totalitarismo del mercado hacia una democracia de la tierra.

Podremos sobrevivir como especies sólo si vivimos bajo las normas de la biosfera. La biosfera tiene suficiente para las necesidades de todos, si la economía global respeta los límites de la sostenibilidad y de la justicia.

Alguna vez Gandhi nos recordó: “La tierra tiene bastante para las necesidades de todos, pero no para la avaricia de algunos”.

Vandana Shiva
Fundadora y Directora de la Research Foundation for Science, Technology and Ecology, Nueva Delhi, India.
Educada como médico, es asesora del gobierno de su país y de otros y promotora de diversos movimientos nacionales e internacionales de defensa de la ecología, los derechos de la mujer y la conservación y uso de los recursos genéticos nativos. Autora de Biopiracy (South End Press, USA, 1997).

* Nota de los editores.- Dado el tema que toca el presente número de LEISA, los editores hemos considerado importante publicar el texto de la conferencia de la Dra. Vananda Shiva, en el Museo Nehru, Delhi,India, el jueves 27 de abril de 2000 y difundida por la BBC Radio, como parte del Programa Reith 2000. Por razones de espacio nos hemos visto obligados a recortar algunos párrafos, pero hemos sido cuidadosos de respetar la integralidad conceptual del mensaje de la Dra. V. Shiva.

 
 
 

Imperialismo ecológico

Imperialismo ecológico. El interminable saqueo de la naturaleza y de los parias del sur del mundo

El hemisferio norte contiene la mayor parte de la moderna tecnosfera y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. El resultado de esta división es una dolorosa ironía global: los países pobres del sur, sufren los riesgos ambientales generados por la creación de esta riqueza en el Norte.

Por Renán Vega Cantor

En los actuales momentos de expansión imperialista hasta el último rincón del planeta, ocurre una acelerada destrucción de los ecosistemas y una drástica reducción de la biodiversidad. Es un resultado directo de la generalización del capitalismo, de la apertura incondicional de los países a las multinacionales, de la conversión en mercancía de los productos de origen natural, de la competencia desaforada entre los países por situarse ventajosamente en el mercado exportador, de la caída de precios de las materias primas procedentes del mundo periférico, de la reprimarización de las economías, en fin, de la lógica inherente al capitalismo de acumular a costa de la destrucción de los seres humanos y de la naturaleza.

El capitalismo es una relación profundamente desigual y el gran desarrollo productivo y la capacidad de consumo se concentran en los países centrales (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón), donde se producen también millones de toneladas de desperdicios. No otra cosa son los automóviles, teléfonos, televisores, neveras, pilas… que, rápidamente inservibles, van a parar a la basura... y a los países pobres considerados receptáculo de las deyecciones que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Según el ecologista Barry Commoner, el planeta está dividido en dos:

El hemisferio norte contiene la mayor parte de la moderna tecnosfera, sus fábricas, plantas de energía eléctrica, vehículos automóviles y plantas petroquímicas y la riqueza que la misma genera. El hemisferio sur contiene la mayor parte de la gente, casi toda desesperadamente pobre. El resultado de esta división es una dolorosa ironía global: los países pobres del sur, a pesar de estar privados de una parte equitativa de la riqueza mundial, sufren los riesgos ambientales generados por la creación de esta riqueza en el Norte [1].

Esa dualidad no es resultado de cierta disposición divina o natural, sino que se convierte en uno de los objetivos del nuevo desorden mundial capitalista y debe considerarse en sentido estricto como una característica propia del imperialismo ecológico. Así, (…) la explotación masiva del medio ambiente en el Tercer Mundo incluye la conversión de residuos letales en mercancías, y el comercio internacional con ellos. También involucra la imposición por parte del capital de trueques de deudas por medio ambiente, la construcción de inmensos incineradores y vertederos, y muchos otros proyectos aparentemente sin sentido [2].

Todas esas acciones son mecanismos propios de la dominación imperialista, las cuales generan resistencias por parte de los explotados y oprimidos del orbe enfrentando los crímenes ambientales que están destruyendo nuestra madre tierra y poniendo en peligro la supervivencia de nuestra especie. Para que el asunto no quede en enunciación retórica, deben precisarse las principales características del imperialismo ecológico, a fin de entender las novedosas formas asumidas por el imperialismo contemporáneo: es lo que intentamos hacer en este ensayo.

1. Destrucción acelerada de ecosistemas en los países dominados

La noción de ecosistemas ayuda a entender la magnitud de los problemas ambientales que hoy padecemos, en la medida en que su destrucción se constituye en la principal manifestación de la inviabilidad ambiental del modo de producción capitalista. Por ecosistemas puede entenderse a los conjuntos o escenarios en que se reproduce la vida. Un ecosistema determinado está definido por "el medio abiótico físico-químico y las manifestaciones bióticas a las que sirve de soporte: microbios y bacterias, plantas, animales" [3]. Para las sociedades los ecosistemas han sido fuentes de riqueza y bienestar, en la medida en que no solamente son ensamblajes de especies sino de "sistemas combinados de materia orgánica e inorgánica y fuerzas naturales que interactúan y se transforman". La energía que permite el funcionamiento del sistema proviene del sol, siendo dicha energía (…) absorbida y convertida en alimento por plantas y otros organismos que realizan la fotosíntesis y que se encuentran en la base misma de la cadena alimentaria. El agua es el elemento crucial que fluye a través del sistema. La cantidad de agua disponible, junto con los niveles extremos de temperatura y la luz solar que un determinado sitio recibe, determinan en lo fundamental el tipo de plantas, insectos y animales que habitan en ese lugar y la manera en que se organiza el ecosistema [4].

Los ecosistemas reportan beneficios directos e indirectos a los seres humanos. Entre los directos se destacan la obtención de plantas y animales como alimentos y materias primas o como recursos genéticos y los indirectos toman la forma de servicios como control de la erosión, almacenamiento de agua por parte de plantas y microorganismos o la polinización por dispersión de semillas por insectos, aves y mamíferos.

Los ecosistemas tal y como los conocemos en la actualidad han evolucionado durante millones de años y no pueden ser sustituidos ni recuperados por procedimientos tecnológicos. La desaparición de cualquier ecosistema supone eliminar posibilidades de subsistencia para los seres humanos por la sencilla razón de que "los ecosistemas hacen que la Tierra sea habitable purificando el aire y el agua, manteniendo la biodiversidad, descomponiendo y dando lugar al ciclo de nutrientes y proporcionándonos todo un abanico de funciones críticas" [5].

En términos económicos inmediatos, el aprovechamiento de las riquezas naturales es una base de subsistencia y de empleo, sobre todo en los países del sur, puesto que la agricultura, la explotación forestal y la pesca generan uno de cada dos empleos que existen en el mundo y, además, en todo el planeta las actividades relacionadas con la madera, los productos agrícolas y el pescado son más importantes que los bienes industriales. Por esta razón, la disminución de la capacidad productiva de los ecosistemas tiene efectos devastadores sobre los seres humanos y de manera directa sobre los pobres que dependen de aquéllos para su subsistencia.

Existen antecedentes históricos de que determinadas sociedades han colapsado por la destrucción de la riqueza natural y de los ecosistemas (como los Mayas en Mesoamérica). Sin embargo, tales colapsos fueron completamente distintos a lo que está pasando en la actualidad en términos de escala y velocidad, porque antes de la emergencia del capitalismo la degradación ambiental afectó a sociedades perfectamente localizadas y fue un proceso de deterioro gradual a lo largo de varios siglos, mientras que ahora la destrucción de los ecosistemas se efectúa a un ritmo acelerado y cubre hasta el último rincón del planeta tierra.

Los ecosistemas son dinámicos y se regeneran constantemente en forma natural, pero en la medida en que las fuerzas destructoras del capitalismo se generalizan pueden desaparecer, en razón de que cada ecosistema interactúa de manera compleja con el ambiente y la comunidad biológica que lo habita, lo cual a su vez lo hace particularmente vulnerable. Las presiones generadas por la explotación intensiva de recursos para satisfacer el consumo voraz de grupos reducidos de la población (las clases dominantes de todo el mundo), y sobre todo de los países imperialistas, destruyen los ecosistemas. Cada uno de los ecosistemas existentes ha sufrido un notable deterioro, como se constata con algunas cifras elementales: el 75% de las principales pesquerías marinas está agotado por el exceso de pesca o ha sido explotado hasta su límite biológico; la tala indiscriminada de árboles ha reducido a la mitad la cubierta forestal del mundo; el 58% de los arrecifes coralinos está amenazado por destructivas prácticas de pesca, por el turismo y por la contaminación; el 65% de los casi 1.500 millones de hectáreas de tierras de cultivo que hay en todo el mundo presenta algún nivel de degradación del suelo; y el bombeo excesivo de aguas subterráneas por parte de los grandes agricultores en todo el mundo excede las tasas naturales de reposición en por lo menos 160.000 millones de metros cúbicos por año [6].

Está perfectamente establecido el diferente impacto de la acción de los opulentos y de los pobres sobre recursos, materiales y energía. A nivel mundial existe una geografía desigual del consumo, puesto que un habitante de un país "desarrollado" consume el doble de grano y pescado, el triple de carne, nueve veces más papel y once veces más petróleo que un habitante de un país neocolonial. Es necesario subrayar que semejante diferencia en los niveles de consumo es posible porque hay una apropiación directa de los recursos disponibles en todo el mundo para disfrute de una escasa minoría, ya que ésta no gasta solamente los recursos que encuentra en sus propios países (por el contrario, trata de preservarlos durante más tiempo, o por lo menos eso es lo que afirman de dientes para afuera). Incluso, en la mayor parte de las ocasiones el consumidor del Norte ignora de dónde proceden los materiales y la energía que consume diariamente y el impacto que su producción tiene en sus lugares de origen, como se ejemplifica con el caso de las tuberías de cobre que se usan en las grandes ciudades de los Estados Unidos:

Un constructor de viviendas en Los Ángeles instala tuberías de cobre, pero no tiene forma de saber que ese cobre proviene de la infame mina de Ok Tedi en Papúa Nueva Guinea. Esta gigantesca mina, propiedad de un consorcio internacional, arroja diariamente 80.000 toneladas de desechos de minería sin tratar al río Ok Tedi, lo que destruye la mayor parte de su vida acuática y perturba los medios de subsistencia de la comunidad wopkaimin. La globalización implica que los propietarios eventuales de las viviendas que se benefician de las tuberías de cobre no tienen conocimiento de su nexo con la deteriorada cuenca del Ok Tedi ni cargan con sus costos ambientales [7].

En la vida diaria, unos pocos consumen mercancías que se han originado a partir de la explotación intensiva de los ecosistemas de todo el mundo, como se ejemplifica con algunos datos elementales: (…) un ciudadano estadounidense requiere más o menos cinco hectáreas de un ecosistema productivo para mantener su consumo promedio de bienes y servicios, comparadas con menos de 0,5 hectáreas que se necesitan para sostener el consumo de un habitante de un país en desarrollo. Las emisiones per cápita anuales de CO2 ascienden a 11.000 kilogramos en los países industrializados, donde hay muchos más automóviles, industrias y electrodomésticos, comparados con menos de 3.000 kilogramos en Asia [8].

Sin embargo, quienes más directamente dependen y viven con los ecosistemas, indígenas, campesinos y mujeres, son los que menos disfrutan los productos que allí se generan, tienen un peor nivel de vida y además se ven perjudicados en forma inmediata y directa por su destrucción. Esto es causado por la apropiación privada de los ecosistemas por parte del capitalismo, lo que da como resultado que quienes detentan más capital y dinero tengan un mayor nivel de consumo y muchas más posibilidades de beneficiarse de los bienes y servicios que originan los diversos ecosistemas. Cuando se contamina un río o una costa, reduciendo la pesca, quienes lo sufren en carne propia no son los consumidores de las engalanadas mesas del Norte, sino los pescadores y sus familias que habitan en las costas o en los ríos de los países del Sur.

Para concluir este primer parágrafo puede decirse con plena seguridad que es imposible la existencia de las sociedades humanas sin ecosistemas, ya que éstos son en realidad "los motores productivos del planeta". En forma ineludible, (…) los ecosistemas están a nuestro alrededor: bosques, praderas, ríos, aguas costeras y profundidades marinas, islas, montañas e incluso ciudades. Cada uno entraña la solución a un desafío particular de la vida, solución ésta que se ha configurado a lo largo de los milenios; cada uno codifica enseñanzas de supervivencia y eficiencia, a medida que incontables especies compiten por luz solar, agua, nutrientes y espacio. Si se la privara de sus ecosistemas, la Tierra se parecería a las imágenes desoladas y sin vida que proyectaron desde Marte las cámaras de la NASA en 1997 [9].

Pretender que la vida humana es posible sin los ecosistemas, tal y como afirman ciertos economistas y tecnócratas, no pasa de ser una falacia justificatoria del irracional modelo de acumulación capitalista, como si así se pudiera eludir los límites naturales existentes que cuestionan la creencia absurda en un crecimiento económico ilimitado. Sólo individuos cínicos o mentirosos, engreídos por su culto a la tecnología y al consumo ostentoso, pueden decir barbaridades que rayan en la demencia. Por ejemplo, Adrian Berry llegó a sostener que (…) contrariamente a la creencia del Club de Roma, no hay "límites al crecimiento". No hay ninguna razón por la que nuestra riqueza global, o por lo menos la riqueza de las naciones industriales, no siga creciendo indefinidamente a su promedio anual actual de un 3 o un 5%. Aunque se demuestre finalmente que los recursos de la tierra son finitos, los del Sistema Solar y los de la Gran Galaxia que lo rodea son, para todos los fines prácticos, infinitos [10].

Tal nivel de estupidez y de arrogancia con respecto a la naturaleza es notable pero no sorprendente, porque ella hace parte de la lógica capitalista que se ha enseñoreado del mundo. Esa lógica la expresan mejor que nadie los economistas neoliberales, porque "quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista" [11].

2. La acentuación del saqueo de materias primas y recursos naturales

En los últimos años se ha acentuado la explotación de materias primas, incluyendo petróleo, recursos forestales, cobre, café, banano, minerales, metales preciosos, diamantes, a despecho de la propaganda sosteniendo que ya no son importantes esas materias primas ni los recursos naturales, porque la sociedad posindustrial -en la que supuestamente nos encontraríamos- ya no los necesita, dado que ahora lo que contaría es el conocimiento y la información [12]. Esos supuestos de la "era de la información" no tienen nada que ver con la realidad, ya que los polos dominantes en el mercado mundial capitalista siempre deben recurrir a las fuentes materiales de producción, porque para elaborar automóviles, televisores, computadores, teléfonos portátiles y todo tipo de objetos no se pueden violar las leyes físicas ni producir cosas materiales a partir de la nada. Es necesario extraer la materia y la energía de los lugares donde se encuentre, e incluso, en los casos en que se avanza en la producción de materiales sintéticos que sustituyan a determinados productos, no puede eludirse la dependencia material de otro tipo de recursos (si en la producción de determinadas partes del automóvil se prescinde del hierro y se sustituye por plásticos, eso supone la incorporación de mayores cantidades de petróleo).

Que los recursos materiales son y seguirán siendo importantes para el capitalismo y el imperialismo ha quedado demostrado en los últimos años con las guerras y conflictos azuzados o llevados a cabo por las potencias imperialistas. Dado el agotamiento de los recursos naturales no renovables y que otros renovables, en razón de su explotación desaforada se están convirtiendo en no renovables (plantas, animales y agua), los países imperialistas compiten entre sí para usufructuar esos recursos. Los Estados Unidos, el país del mundo que más consume y despilfarra materia y fuentes de energía, ha proclamado como un asunto de seguridad nacional el control de las fuentes de petróleo y de materias primas estratégicas, y las guerras y genocidios que ha organizado en los últimos años están relacionados con la apropiación de importantes reservas de crudo [13]. Basta recordar que en el documento Santa Fe IV se sostiene que el control de los recursos naturales de América Latina no sólo es una prioridad de los Estados Unidos, sino una cuestión de seguridad nacional.

Desde luego, esa guerra mundial por los recursos que se libra entre las potencias (pero no en sus países sino en los territorios del Sur, convertidos en campos de batalla) tiene consecuencias ambientales evidentes al aumentar la presión sobre los ecosistemas, tendencia que es una continuación de procesos típicos del capitalismo desde la Revolución Industrial, como se evidencia al recordar que entre 1770 y 1995 la tierra perdió más de un tercio de los recursos existentes, una cifra impensable en cualquier otro momento de la historia humana y que "un 70% del bosque tropical seco ha desaparecido, junto con un 60% de los bosques de la zona templada y el 45% de la selva tropical húmeda" [14].

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El saqueo de los recursos materiales y energéticos que se encuentran en los países dominados del Sur y del Este se ha institucionalizado a través del impulso a las exportaciones por la vía de los Planes de Ajuste Estructural, lo cual ha producido un regreso a las economías primarias tradicionales en muchos países del mundo. Eso explica que el culto a las exportaciones y al comercio exterior haya adquirido tanta legitimidad política y justificación teórica (reviviendo el mito de las "ventajas comparativas") y se haya convertido en parte del imaginario político y económico de las clases dominantes de los países periféricos, deseosas de regalar en forma rápida todos los recursos naturales con que cuente el territorio de un país, en aras de ser competitivos en el mercado mundial. Esta ideología exportadora -que cuenta como sus principales exponentes al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a la Organización Mundial de Comercio- es justificatoria del saqueo de materias primas y recursos naturales y oculta conscientemente los impactos ambientales que eso produce o, lo que es todavía peor, pretendiendo que eso beneficia los ecosistemas al dejarlos bajo la regulación del capital privado para capitalizar la naturaleza a su antojo, lo que finalmente nos beneficiará a todos. Este cinismo se encuentra detrás del discurso "verde" de todos aquellos interesados en llevarse hasta el último pedazo de selva virgen que pueda quedar en algún lugar del mundo, dejando a su paso miseria y desolación.

3. Biopiratería y saqueo de la diversidad biológica y cultural de los países dominados

El desarrollo de la ingeniería genética y de la biotecnología se está haciendo a partir de la base genética natural existente en los diversos ecosistemas del mundo, como las selvas húmedas tropicales, los páramos y los manglares, muchos de los cuales habían permanecido al margen del saqueo de compañías y estados imperialistas. Con los avances tecnológicos en la investigación biológica y biomédica en los laboratorios de las multinacionales -principalmente de los Estados Unidos-, esos recursos naturales gestados durante miles o millones de años pasan a convertirse en un ansiado botín mercantil de las multinacionales o los centros científicos de investigación del Norte. En este sentido, puede hablarse de un verdadero expolio de los recursos biogenéticos existentes en el Sur del mundo por parte del Norte, donde las empresas multinacionales empiezan a explotarlos comercialmente como expresión de lo que se ha denominado capital genético. Este es un capital que parte de una base natural ya existente, que debería pertenecer a los pobladores de las regiones o localidades donde se encuentra pero es apropiado en forma fraudulenta por grandes compañías, las que a partir de esa base genética desarrollan o reproducen medicamentos o productos que luego son patentados y apropiados por las compañías multinacionales. Así, la biodiversidad se ha convertido en el nuevo coto de caza del imperialismo genético, cuyo interés fundamental es apropiarse de esa riqueza. El nuevo colonialismo genético supone, desde luego, un proceso de expropiación en el que existen, en términos sociales, ganadores y perdedores. El bando de los ganadores está constituido por las grandes compañías multinacionales de la biotecnología y sus investigadores y el bando de los perdedores está formado por millones de campesinos e indígenas (expropiados de sus saberes ancestrales, de sus recursos, de sus plantas y animales) y la población pobre de los países situados en el Sur del mundo. Desde este ángulo, existe un intercambio genéticamente desigual, caracterizado por el traslado masivo y tramposo de la riqueza natural que se alberga en los trópicos hacia los países imperialistas, muy poco biodiversos y con una alta homogeneización genética [15].

El ataque del imperialismo genético contra la biodiversidad acentúa el ecocidio contra las selvas y sus habitantes y reduce todavía más la maltrecha fuente de alimentos de la humanidad, ya que el 90% de nuestra dieta cotidiana está constituido por unas 15 especies agrícolas y 8 especies de animales. Con la Revolución Biotecnológica se acentúa la homogeneización genética de los principales cultivos, la desaparición de las variedades locales que aun existen y la imposición del latifundismo genético, impulsado por las grandes empresas multinacionales de la alimentación y los agroquímicos.

La expropiación de las riquezas biológicas de las selvas y bosques tropicales forma parte de una nueva fase de dominación imperialista, tan rapaz y genocida como los anteriores períodos de saqueo colonialista del planeta. La expropiación genética constituye uno de los soportes del tan alabado avance de la biotecnología en los centros imperialistas, donde se consuma la reducción de los seres humanos y de todas las formas de vida a simples mercancías para valorizar grandes capitales, sin que importen los efectos perversos de esa lógica criminal y depredadora.

4. El traslado de desechos tóxicos (nucleares y radiactivos) del Norte al Sur

El capitalismo genera una gran cantidad de desechos tras la obsolescencia de las mercancías. Si para confeccionar productos se usan materiales tóxicos o radiactivos, como en efecto sucede con la industria microelectrónica y otras ramas de la producción industrial, es obvio que se originen desechos radioactivos. Para los países capitalistas del centro se hace imprescindible liberarse de esos desechos tóxicos y convertir su comercialización en una lucrativa industria y es "una estrategia central del Nuevo Orden Mundial, una forma intencionada de cercar tierras y recursos -el mismísimo aire que respiramos-, previamente de propiedad común, y establecer el comercio en ‘derechos de polución’" [16]. El capitalismo "descubrió" que hasta los desechos tóxicos pueden convertirse en una mercancía susceptible de ser vendida a los países más desprotegidos y miserables, y ha procedido a poner en práctica esa estrategia comercial, lo que ha dado como resultado que "prósperos empresarios" de los países imperialistas, en alianza con sus respectivos estados, estén asumiendo la tarea de envenenar el suelo, el mar y el aire de países enteros, con la consiguiente enfermedad y muerte de seres humanos y animales.

Los Estados Unidos encabezan la lista de países que anualmente envían miles de toneladas de residuos tóxicos, encubiertos como fertilizantes, que son vertidos en las playas y tierras productivas de Bangla Desh, Haití, Somalia, Brasil, y otros países. La administración de Bill Clinton (1993-2001), por ejemplo, aceptó que las grandes corporaciones estadounidenses mezclaran cenizas de incineradores -que tienen altas concentraciones de plomo, cadmio, y mercurio- con productos agroquímicos. Este veneno químico se vende a agencias y gobiernos extranjeros que, o no sospechan de ese contenido o simplemente hacen la vista gorda [17]. El traslado de desechos tóxicos al Sur del planeta no es el resultado de imprevisiones o fruto necesario del "progreso técnico", sino que hace parte de la lógica de un explícito racismo ambiental que tiene como finalidad expresa la contaminación de seres humanos y de países considerados como inferiores. La lógica criminal del racismo ambiental se basa en el supuesto de que unos grupos humanos tienen el derecho a consumir hasta el hartazgo, sin miramientos con los que viven en condiciones infrahumanas de vida, y luego enviarles los residuos tóxicos a sus territorios. Semejante práctica genocida se sustenta en la convicción de las clases dominantes de todo el mundo de que su sola existencia es beneficiosa para el planeta, y los otros seres humanos deben resignarse a aceptar ese destino inexorable en el que sólo los ricos y opulentos tienen derecho a una vida sana y limpia. Es la típica ilusión NIMBY (Not in My Blacyard- No en mi jardín) que concibe como posible mantener al mismo tiempo un aumento incontrolable en el consumo de productos y preservar el medio ambiente circundante en condiciones adecuadas, para lo cual no importa contaminar el jardín del vecino con tal de mantener limpio el mío.

El traslado de residuos contaminantes a los países dominados se ha convertido en un lucrativo negocio para ciertas compañías de los países imperialistas. Aunque la mayor parte de las materias primas utilizadas en la producción de las mercancías proceden del mundo pobre y dependiente -cuando esas materias tenían un valor de uso, es decir, se podían utilizar- se convierten en basura inservible luego de que han sido utilizados por los usuarios y consumidores del Norte y por sus pocos émulos en los países del Sur. Y es en este momento cuando nuevamente se piensa en esos países pobres como receptáculo de los desperdicios que origina el consumo desenfrenado de los opulentos del Norte. Los países altamente industrializados, se encuentran literalmente inundados de desechos y productos tóxicos, tal y como sucede en los Estados Unidos. Sus ríos y lagos están tan contaminados que las grandes empresas han abierto mercados para sus "apetecidos" residuos tóxicos, como ya se hizo desde mediados de la década de 1980 cuando vertieron miles de barriles de residuos de mercurio en los ríos sudafricanos [18].

La exportación de residuos tóxicos por parte de los Estados Unidos está estrechamente emparentada con sus estrategias políticas ante los países pobres del mundo. La destrucción ecológica, la pobreza forzada, la guerra de contrainsurgencia, la corrupción y brutalidad política y el vertido de residuos tóxicos provenientes del extranjero forman parte de la misma estrategia. El comercio de residuos tóxicos es una estrategia central del nuevo desorden mundial con la finalidad de apropiarse de las tierras y recursos de los pueblos más pobres, incluyendo el propio aire que respiramos, para establecer el comercio de derechos de polución. Pero, al mismo tiempo, es un medio de proletarizar a campesinos y aldeanos, conduciéndolos a nuevas formas de explotación del trabajo y también una manera de arrasar con los ecosistemas del Sur.

Mientras en el Norte se hacen más fuertes las regulaciones ambientales, sus empresas y capitalistas se encargan de impulsar la contaminación en el Sur y el Este del mundo. Los Estados Unidos se oponen a la reglamentación del transporte de residuos peligrosos y también han bloqueado las propuestas de otros países encaminadas a prohibir los embarques de residuos hacia los países pobres. No es de extrañar, pues, que al mismo tiempo haya convertido a martirizados países como Haití, Guatemala, Salvador y Somalia en zonas de descarga de sus residuos industriales, una forma premeditada de envenenamiento de los países neocolonizados.

5. El desconocimiento de la deuda ecológica que el imperialismo le debe al mundo dependiente

Por deuda ecológica debe entenderse el no pago por parte de los países altamente industrializados de los daños causados durante varios siglos por la explotación indiscriminada de los recursos naturales destinados a la exportación, sin que se contabilizaran los impactos negativos sobre los ecosistemas y el hábitat locales. En forma más concreta se puede considerar como (…) la deuda contraída por los países industrializados del Norte con los países del Tercer Mundo a causa del saqueo de los recursos naturales, los daños ambientales y la libre utilización de espacio ambiental para depositar desechos, tales como los gases de efecto invernadero, producidos por esos países industrializados [19].

En consecuencia, los verdaderos deudores son las clases dominantes de todo el mundo, en primer lugar las de los países colonialistas e imperialistas.

En contra del sentido común de los tecnócratas neoliberales, de los banqueros y de los representantes del capital financiero y de las transnacionales, la noción de deuda ecológica destaca que los países del Norte le deben a los pobres del mundo por haber ocasionado un "déficit terrestre (...) provocado por el aniquilamiento de los sistemas vitales básicos del planeta debido al abuso de su aire, sus suelos, las aguas y la vegetación". La responsabilidad de este déficit recae en forma desigual para los pobres y los opulentos, en la medida en que el consumo y el nivel de vida son diferentes entre unos y otros. Por esa razón, la deuda ecológica está relacionada con el racismo ecológico, ya que quienes más soportan los efectos de la devastación ambiental son los pobres, los campesinos, los indígenas, las mujeres humildes y los trabajadores. En otros términos, para comprender la deuda ecológica es menester introducir un análisis de clase, de género y de etnia, que permita determinar la forma como los más pobres son afectados por la degradación ambiental.

En una perspectiva histórica, durante los últimos cinco siglos los habitantes de los países imperialistas han contraído una deuda con los pobres del mundo, como resultado de una diversidad de procesos mutuamente relacionados entre los que sobresalen: la extracción de los recursos (minerales, marinos, forestales y genéticos) en los países del Sur; la consolidación de un intercambio ecológicamente desigual, como resultado del cual se exportan bienes primarios sin evaluar económicamente el impacto social y ambiental generado por su extracción o producción; el saqueo, destrucción y devastación de hombres y culturas desde la era colonial; la apropiación de conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas sobre semillas y plantas medicinales, en los que se sustentan las modernas agroindustrias y la biotecnología; la destrucción de las mejores tierras de cultivo y de los recursos marinos para la exportación, debilitando la autosuficiencia alimentaria y la soberanía cultural de las comunidades del Sur; la contaminación de la atmósfera por parte de las naciones industrializadas debido a la excesiva emisión de gases que han afectado a la capa de ozono, provocando el efecto invernadero y desestabilizando el clima; la apropiación desproporcionada de la capacidad de absorción de dióxido de carbono que tienen los océanos y bosques del planeta; la producción de armas químicas y nucleares, cuya puesta a punto se hace con frecuencia en los países del Sur; y la venta de plaguicidas que no son usados en el Norte y el almacenamiento de desechos tóxicos en los países del Sur [20].

Con respecto a las relaciones entre deuda externa y deuda ecológica cabe destacar dos aspectos: 1º) los precios de las exportaciones no incluyen los diversos costos sociales y ambientales, que no se contabilizan (es decir, son gratuitos) y los saberes (por ejemplo el conocimiento exportado desde América Latina sobre el manejo de determinados productos, como la papa o el maíz) tampoco se pagan. Pero al mismo tiempo las emisiones de gas carbónico que se producen a gran escala en el Norte son absorbidas gratis por la vegetación o los océanos de todo el mundo, incluyendo al Sur del planeta. Es como si los ricos del mundo se hubieran "arrogado derechos de propiedad sobre todos los sumideros de CO2, los océanos, la nueva vegetación y la atmósfera" [21]; 2º) la cancelación de la deuda externa degrada la naturaleza, puesto que para pagarla debe aumentarse la producción lo cual por lo común se hace a costa del empobrecimiento de la gente y de una mayor extorsión de la naturaleza. En la medida en que se dedican más recursos para exportación con la finalidad de pagar la deuda externa, ésta aumenta y al mismo tiempo los países pierden sus riquezas naturales. Esta es una muestra palpable de injusticia económica y ambiental, propia del sistema capitalista e imperialista. Como parte de esa injusticia, la deuda externa se sigue cobrando -y pagando, que es lo peor- cumplidamente, pero la deuda ecológica contraída por los países imperialistas nunca se menciona, como si no existiera.

Existe una estrecha relación entre la deuda externa (financiera) que desangra a los países dependientes y la deuda ecológica (nunca reconocida por los países dominantes en el sistema mundial), debido a que las divisas destinadas al pago de los intereses y amortizaciones de la deuda externa aumentan la extracción de recursos naturales, para convertirlos en exportaciones al mercado externo con el fin de obtener dinero para seguir pagando las deudas. El costo ambiental de ese proceso se materializa en hechos como los siguientes:

- Acelerada deforestación que destruye la biodiversidad y convierte en desiertos vastas superficies de tierras anteriormente fértiles. "Desde 1970 las áreas arboladas han disminuido de 11,4 kilómetros cuadrados por cada mil habitantes a sólo 7,3 kilómetros cuadrados".

- La utilización de las mejores tierras de cultivo para la exportación ha forzado a los campesinos a cultivar tierras marginales. Por ejemplo, la utilización para el cultivo de laderas escarpadas, vulnerables a la erosión, ha favorecido los fatales deslizamientos de lodo que recientemente han afectado a Honduras, Nicaragua y Venezuela.

- Incremento del uso de plaguicidas y fertilizantes químicos. Por ejemplo, la industria bananera de diversos países utiliza el plaguicida DBCP, que provoca esterilidad masculina.
- Destrucción de los manglares para la cría del camarón, favoreciendo así las inundaciones en las zonas costeras. En Ecuador, el 70% de los manglares ha sido destruido para instalar criaderos de camarón para la exportación, afectando con ello la supervivencia de los pescadores tradicionales y aumentando las posibilidades de inundaciones provocadas por el fenómeno de El Niño.

- Consumo excesivo de combustible, disminución del valor nutricional e incremento del uso de conservantes, provocados por el transporte de alimentos a grandes distancias.

- Sustitución de la diversidad biológica por monocultivos y bosques artificiales. La explotación comercial de las plantaciones forestales extrae la madera y destruye el resto por considerarlo "desechos".

- Pesca excesiva: "Las existencias mundiales de pesca están en declive, con una cuarta parte ya agotada o en vías de serlo y otro 44% explotado al límite de su continuidad biológica".
- Destrucción de hábitats naturales y humanos como resultado de los riesgos de la extracción de petróleo. Por ejemplo, los daños provocados por la Shell en el delta del río Níger, hogar del pueblo Ogoni [22].

Un procedimiento adecuado para sopesar la deuda ecológica contraída por los voraces consumidores de los países imperialistas y los subconsumidores del Sur consiste en comparar sus respectivas huellas ecológicas. Por huella ecológica se entiende la cantidad de "tierra cultivable, zonas de pastoreo, bosques, producción oceánica y capacidad de absorción de dióxido de carbono que es consumida por una persona promedio en un área geográfica determinada" [23]. Esa noción apunta a medir el impacto de los modelos de consumo con relación a la capacidad de carga del planeta, por lo cual se entiende el máximo de población de una determinada especie que puede sobrevivir en cierto hábitat sin provocarle daños irreversibles. En el caso de un país determinado, la huella ecológica mide la superficie biológicamente productiva que es necesaria para mantener el nivel de recursos de ese país y para absorber sus desechos:

Cuando la huella ecológica de un país es mayor que su capacidad ecológica de carga, ese país tiene que "importar" capacidad de carga de algún otro sitio y/o consumir su capital natural a un ritmo mayor que el de la regeneración de la naturaleza. Esto se logra importando alimentos, combustible o productos forestales o agotando su provisión de recursos renovables y no renovables (por ejemplo, combustibles fósiles). También puede "exportar" desechos, como el exceso de emisiones de dióxido de carbono que su masa forestal o los océanos circundantes no pueden absorber [24].

Se ha establecido que la huella ecológica promedio de un habitante humano en el planeta es de 7,7 hectáreas, pero que los países altamente industrializados superan con creces esa media en tanto que los países dependientes están sensiblemente por debajo de la misma. De esta forma, por ejemplo, Canadá tiene una capacidad ecológica de carga de 9,6 hectáreas per capita, mientras que en el otro extremo Bangla Desh, con una huella ecológica de sólo 0,5 hectárea per cápita dispone de una capacidad de carga de tan solo 0,3 hectárea por persona. Considerando los resultados de la huella ecológica por países se encuentra que a escala mundial el 77% de la población humana tiene una huella ecológica menor que la media, de sólo 1,02 hectárea, pero el otro 23% -los verdaderos deudores ecológicos- ocupa el 67% de la huella de toda la humanidad. Esto quiere decir que sólo un quinto de la población utiliza dos tercios de la capacidad de carga. Es esa quinta parte de deudores ricos la responsable de que la humanidad esté consumiendo un 40% más de recursos de los que pueden regenerarse sosteniblemente. Por cada persona que utiliza el triple de lo que en justicia le corresponde de la capacidad de carga del planeta, hay tres que sobreviven con sólo un tercio de lo que realmente les correspondería [25].

6. Intercambio ecológico desigual

Cuando se analiza la dominación imperialista suele hablarse del intercambio económico desigual expresado en la célebre formulación teórica del deterioro de los términos de intercambio, con lo que se quiere expresar que en el mercado mundial tienden a depreciarse los productos primarios y a encarecerse los bienes manufacturados. Mirada en el largo plazo esta tendencia perjudica a los países productores de materias primas. Pero sin desconocer la importancia de este intercambio desigual en términos económicos, es necesario considerar el intercambio ecológico desigual, algo poco estudiado. Por tal puede entenderse el resultado ambiental -negativo para los países dependientes- de la importación por parte de los países altamente industrializados de productos del Sur a bajos precios, que no toman en consideración el agotamiento y perennidad de tales recursos [26]. Esto sucede hoy con recursos naturales, como la madera (de la cual el Japón es uno de los primeros compradores del mundo), minerales, petróleo y especies exóticas. También debe considerarse como parte de ese intercambio ecológico desigual el envenenamiento de aguas, aire, tierras y seres humanos que se produce como resultado de la aplicación de plaguicidas en las plantaciones agrícolas de empresas imperialistas en países dependientes (como hicieron en Nicaragua las compañías bananeras). Mientras que las compañías transnacionales se llevan el producto para ser vendido y consumido en su país de origen, en las zonas productoras queda la desolación, la muerte y el veneno por todos lados.

En pocas palabras, intercambio ecológicamente desigual "significa el hecho de exportar productos de países y regiones pobres, sin tomar en cuenta las externalidades locales provocadas por estos productos o el agotamiento de los recursos naturales, a cambio de bienes y servicios de regiones más ricas" [27]. Y lo más importante radica en que esa noción tiene implicaciones políticas, al destacar que la pobreza y la carencia de soberanía y autonomía por parte de las regiones exportadoras, debido a su condición dependiente y subordinada en el plano mundial, están en la base de ese intercambio desigual que finalmente perjudica a los pobres de dichas regiones, en virtud de la irremediable destrucción de sus ecosistemas sin que la misma sea asumida por los países imperialistas y sus empresas, que lucran con los productos que allí se generan.

7. Violación de las aguas territoriales de los países dependientes por parte de las flotas pesqueras de las grandes potencias

El ritmo infernal de pesca que se ha practicado durante las últimas décadas, a medida que aumenta el consumo de pescado o productos derivados en los países del Norte, ha agotado los principales bancos de peces en todo el mundo, comenzando por los mares y ríos de esos mismos países. Un buen ejemplo al respecto es el del bacalao, un producto esencial para la subsistencia de miles de pescadores artesanales en las costas canadienses de Terranova, que, por la acción de los grandes pesqueros comerciales, ha sido diezmado, terminando no sólo con el recurso sino también con los propios pescadores [28]. Como resultado del agotamiento de los bancos de peces en las aguas del Atlántico norte, grandes buques pesqueros de los países europeos, de los Estados Unidos y de Japón, incursionan en las aguas de todo el mundo para depredar literalmente todo lo que encuentran a su paso. Ahora, la pesca en alta mar está dominada por grandes barcos que operan a gran velocidad y "llevan detrás inmensos sistemas de redes que barren todo a su paso, sin tener en cuentas los cupos de peces y con una total indiferencia hacia el medio ambiente" [29]. Esto ha ocasionado la extinción de cientos de especies marinas y una drástica reducción del volumen de pesca a nivel mundial. También ha significado el empobrecimiento o la ruina de los pequeños pescadores artesanales en diversos lugares del mundo, una consecuencia dramática porque en los países de la periferia existen millones de personas cuya vida se ha desenvuelto durante cientos o decenas de años en torno a la pesca [30].

8. Exportaciones forzadas de especies animales y vegetales

Este comercio desigual que se hace siempre en la dirección Sur-Norte es realizado por mafias organizadas y tiene como objetivo transportar mascotas de compañía o producir mercancías exóticas a partir de partes animales (piel, marfil, dientes) para adornar a la burguesía de los países industrializados. Este comercio ilegal es tan significativo que se considera como la segunda actividad comercial subterránea, solamente superada por el comercio de estupefacientes. Anualmente circulan en forma ilegal 50 mil primates, 4 millones de aves, 350 millones de peces tropicales, de todos los cuales mueren en el viaje entre el 60 y el 80%. [31]. Para que este negocio funcione existen complejas redes de traficantes de animales, emparentadas con otras actividades como el narcotráfico, en las que participan funcionarios estatales y empresarios privados tanto de los países pobres como de los países ricos. Solo de esa forma pueden ser extraídos de la Amazonía brasileña, para señalar el caso más aberrante de expoliación imperialista, 12 millones de animales, de los cuales muy pocos llegan vivos a su destino final, puesto que sólo uno de cada diez resiste las travesías, el cambio de hábitat, la suciedad o el maltrato [32]. No es coincidencia, entonces, que en el Brasil 208 especies están seriamente amenazadas [33].

El mercado de los animales y de las plantas exóticas está claramente definido en términos económicos y geográficos: la oferta la suministran los países tropicales y la demanda se concentra en los países industrializados. En estos últimos se presenta un consumo insostenible de fauna exótica, abastecido por países en los cuales los campesinos y los trabajadores soportan peores condiciones de existencia. En ese mercado internacional existen consumidores conspicuos que buscan ejemplares raros, pero también debe incluirse a la industria farmacéutica, que compra por ejemplo especies venenosas como arañas y serpientes para experimentar y producir nuevos medicamentos y productos.

La Unión Europea es el principal consumidor de animales exóticos, siendo el primer importador mundial de pieles de reptil, de loros, de boas y de pitones y el segundo importador, después de los Estados Unidos, de primates y felinos. En ese mercado internacional de seres vivos España desempeña un papel significativo, por su posición geográfica que sirve de puente entre África Ecuatorial, América Latina y el sudeste asiático, con los Estados Unidos y otros lugares de Europa.

9. A manera de conclusión: el capitalismo y la ecología son mutuamente excluyentes

La crisis ambiental de nuestro tiempo ha sido producida por el modo de producción capitalista, debido a su carácter mercantil orientado a producir no para satisfacer necesidades sino para incrementar la ganancia individual. Este hecho aparentemente elemental que rige el funcionamiento del capitalismo constituye la base del agotamiento de los recursos naturales, expoliados a un ritmo nunca antes visto en la historia de la humanidad, al mismo tiempo que produce desechos y contaminación de manera incontrolable. Desde este punto de vista el capitalismo tiene dos características claramente antiecológicas: la pretensión de producir de manera ilimitada en un mundo donde los recursos y la energía son limitados; y originar desechos materiales que no pueden ser eliminados -cosa imposible en concordancia con las leyes físicas- y que deben ir a alguna parte, lo cual supone exportarlos a los países más pobres de la tierra. Como bien lo dice James O’Connor (…) la naturaleza es un punto de partida para el capital, pero no suele ser un punto de regreso. La naturaleza es un grifo económico y también un sumidero, pero un grifo que puede secarse y un sumidero que puede taparse. La naturaleza, como grifo, ha sido más o menos capitalizada; la naturaleza como sumidero está más o menos no capitalizada. El grifo es casi siempre propiedad privada; el sumidero suele ser propiedad común [34].

Está absolutamente demostrado por todos los indicadores de deterioro ambiental que la ecología y el capitalismo son polos opuestos de una contradicción insalvable, puesto que el capitalismo se basa en la lógica del lucro y de la acumulación sin importar los medios que se empleen para lograrlo, ni la destrucción de recursos naturales y ecosistemas que eso conlleve. Se podría argüir en contra de esta afirmación que hoy el capitalismo tiene un discurso ecológico y preocupaciones "verdes". Desde luego que sí, pero detrás de ese discurso se esconden los grandes grupos corporativos interesados en expoliar hasta el fin al medio ambiente y de convertirlo en una mercancía muy rentable que genere pingües beneficios. En otros términos, hasta la ecología y el medio ambiente se han convertido en una mercancía más, lo cual tiene implicaciones negativas sobre las mismas posibilidades de existencia y reproducción de la vida en sus más diversas manifestaciones, y esa mercancía ecológica (expresada en la retórica insulsa del pretendido "desarrollo sustentable" y el "capital verde") también se ha mundializado como resultado de la expansión imperialista de las últimas décadas.

En esa perspectiva, pueden señalarse los tres nudos problemáticos que, en términos ambientales, ha generado el capitalismo, tal y como lo ha analizado en varias investigaciones el teólogo brasileño Leonardo Boff: el nudo de la extinción de los recursos naturales; el nudo de la sostenibilidad de la tierra; y el nudo de la injusticia social mundial. En cuanto a la extinción de los recursos naturales estamos asistiendo al más acelerado exterminio de especies de seres vivos, la peor de los últimos 65 millones de años, ya que diariamente desaparecen para siempre unas 10 especies y anualmente unas 20.000. Esta cifra adquiere relevancia si se considera que en la última gran extinción de especies desaparecían dos o tres por año. Otro de los recursos que se agota rápidamente es la tierra fértil, convertida en desierto rural o urbano, deforestada y seca. Al mismo tiempo, la sostenibilidad de la tierra está seriamente en duda ante los procesos en curso, entre los que sobresale el calentamiento global, con sus consecuencias nefastas de alteración climática en todo el orbe, aumento en el nivel de los mares, inundaciones, sequías, huracanes, etcétera, fenómenos todos que pueden llegar a alterar el equilibrio químico-físico y biológico de la tierra. En lo que respecta a la injusticia social mundial, que se manifiesta en la concentración del ingreso y la prosperidad en reducidos sectores de las elites dominantes en todo el mundo al lado de la miseria y la pobreza de millones de seres humanos, tiene una relación directa con la apropiación de recursos y energía por esa minoría opulenta [35].

En este artículo se han descrito y analizado en forma apretada algunas de las características del imperialismo ecológico, sin que hayamos considerado todos los aspectos que pueden ser estudiados a partir del uso de dicha categoría. Simplemente, se ha pretendido demostrar la utilidad de esta noción para entender y enfrentar algunos de los problemas ambientales más álgidos de nuestro tiempo, los cuales no son resultado, ni mucho menos, de catástrofes naturales o fuerzas incontrolables, como se ha dicho tan reiteradamente durante todo el año 2005, después del tsunami en el Océano Indico en diciembre de 2004 o del huracán que asoló a Nueva Orleáns. Teniendo en cuenta los elementos expuestos, es evidente que el imperialismo ecológico tiene múltiples dimensiones, que ameritan ser consideradas, tanto para entender la voracidad del imperialismo contemporáneo como para organizar luchas de resistencia y defensa de los ecosistemas por parte de todos aquellos que sentimos que la naturaleza se ha convertido en el último coto de caza de la mercantilización ecocida del capitalismo mundial. www.EcoPortal.net

* Renán Vega Cantor es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá-Colombia, y colaborador de la revista Herramienta. Este artículo fue publicado en Revista Herramienta Nº31-Buenos Aires, marzo 2006 -Boletín informativo - Red solidaria de la izquierda radical –y Ecoportal.net

Notas

[1] Barry Componer (1992), En paz con el planeta, Barcelona, Editorial Crítica, pág. 137.
[2] Mitchel Cohen "Residuos tóxicos y el Nuevo Orden Mundial", en
www.rebelion.org/ecologia/040128cohen.htm
[3] Ramón Tamanes (1983), Ecología y desarrollo. La polémica sobre los límites al crecimiento, Madrid, Alianza Editorial, pág. 147.
[4] "El vínculo entra la gente y los ecosistemas", en
www.agrovia.com/ambiente/pdf/MAB
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd.
[8] Ibíd.
[9] Ibíd.
10] Adrian Berry (1997), Los próximos diez mil años, Madrid, Alianza Editorial, pág. 65.
11] Citado en J. Riechmann (2004), Gente que no quiere viajar a Marte. Ensayos sobre ecología, ética y autolimitación, Madrid, Libros de la Catarata, pág.133.
12] Entre los autores que enfatizan este tipo de concepciones podemos mencionar a Jeremy Rifkin (2000), en La era del acceso. La revolución de la nueva economía, Barcelona, Editorial Paidos, págs. 49 y ss.
13] Michael T. Klare (2003), Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global, Barcelona, Ediciones Urano, pág. 23.
14] Ibíd., págs. 37, 39.
[15] Vandana Shiva (2001), Biopiratería. El saqueo de la naturaleza y el conocimiento, Barcelona, Editorial Icaria, pág. 90; Isabel Bermejo, "El debate acerca de las patentes biotecnológicas", en Alicia Durán y Jorge Riechmann (1997), Genes en el laboratorio y en la fábrica, Madrid, Editorial Trotta, págs. 53-70.
[16] M. Cohen, op. cit.
[17] Ibíd.
[18] Ibíd.
[19] John Dillon, "Deuda ecológica. El Sur dice al Norte: ‘es hora de pagar’", en
www.debtwatch.org/cat/formacio/maleti/material/de/da/dillon.pdf
[20] Ibíd.
[21] Joan Martínez Allier y Arcadi Olivares (2003), ¿Quién debe a quién? Deuda externa y deuda ecológica, Barcelona, Editorial Icaria, pág. 43.
[22] J. Dillon, op. cit.
[23] Ibíd.
[24] Ibíd.
[25] Ibíd.
[26] Juan Martinez-Alier (1996), "De l’economie politique à l’ecologie politique", Un siècle de marxisme. Bilan et prospective critique, París, pág. 177.
[27] Joan Martínez Allier (2005), El ecologismo de los pobres. Conflictos ambientales y lenguajes de valoración, Barcelona, Editorial Icaria, pág. 275.
[28] James Petras y Henry Veltmeyer(2003), Un sistema en crisis. La dinámica del capitalismo de libre mercado, México, Editorial Lumen, págs. 171 y ss.
[29] Ibíd, pág.183.
[30] Joni Seager (1995), Atlas de la terre. Le coût écologique de nos modes de vie, la politique des Etats: une vision d’ensemble, París, Autrement, págs. 68-69 y 120-121.
[31] Ibíd, págs. 80-81 y 124-125
[32] Mario Osava, "Tráfico de animales, un negocio millonario", en web.chasque.net/informes/agosto-2001/info2001-08-15.htm; "Comercio internacional de animales y plantas", en
www.!españa.es/naturaeduca/conserva_comercio.htm; "El tráfico ilegal de especies", en www.!españa.es/naturaeduca/hom_traficoespecies.htm; "Animales y plantas en peligro de extinción", en www.anbientum.com.revista/2003_04/EXTINCION_imprimir.htm
[33] M. Osava, op. cit.
[34] James O’Connor (2001), Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico, México, Siglo XXI Editores, pág. 221.
[35]Leonardo Boff, "La contradicción capitalismo/ecología", en
www.latinoamericana.org/2005/textos/castellano/Boff.htm

Gentileza: volar [ volar@fibertel.com.ar ]

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Ballenas: Votos por muerte. Nada es a cambio de nada,

En un estudio sobre compra de votos, Leslie Busby dice que “el Gobierno japonés ha sido acusado por años de utilizar la asistencia oficial para el desarrollo (ODA) con el fin de reclutar miembros en los países en desarrollo para la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en apoyo a sus intereses.

Por Carolina Escobar Sarti

La caza comercial de ballenas está prohibida en todo el planeta desde 1986, y ahora resulta que el voto de Guatemala en un foro internacional puede ser el decisivo para revertir tal situación a favor de Japón.

De allí que no extrañe el dinero “generosamente” donado por el Gobierno japonés al Gobierno guatemalteco para construir un tramo carretero y la donación de algunas computadoras para una escuela, entre otras “ayudas”. Nada es a cambio de nada, menos en la política.

En un estudio sobre compra de votos, Leslie Busby dice que “el Gobierno japonés ha sido acusado por años de utilizar la asistencia oficial para el desarrollo (ODA) con el fin de reclutar miembros en los países en desarrollo para la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en apoyo a sus intereses”.

El Informe Global de Corrupción 2004 de la organización Transparencia Internacional prueba la compra de votos en la CBI y Milko Schvartzman señala que “el Gobierno de Guatemala se encuentra al borde de verse involucrado en un claro caso de corrupción; es incoherente que un país que nunca ha cazado ballenas y que se beneficia del ecoturismo de avistamiento de ballenas y delfines se preste a defender la extinción de los mismos”.

Casualmente, un funcionario del Ministerio de Agricultura está ahora viajando por Japón, para decidir cuál será la posición de Guatemala en la reunión de la CBI, a realizarse en junio de este año en Saint Kitts y Nevis.

El huésped guatemalteco está recibiendo información que el Gobierno nipón suele preparar para las delegaciones y funcionarios gubernamentales sobre el tema ballenero. Lo más interesante, es que en varias ocasiones estos simposios suelen ser impartidos por miembros de Ecco (Eastern Caribbean Cetacean Commission), organización también fundada por los japoneses.

Guatemala tiene motivos para avergonzarse: el primero es porque durante la semana del 15 de septiembre del año pasado, los diputados guatemaltecos aprobaron muy calladitos, a petición del presidente Berger, la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de la Ballena, requisito previo para participar en la reunión de la CIB.

Durante esa semana de fiestas patrias, el Congreso sólo trabajó día y medio, pero la aprobación fue rapidísima y tomó por sorpresa a una población que ha visto cómo se engavetan allí leyes tan importantes como las de adopciones y seguridad, por meses y hasta por años.

Además, en el informe financiero presentado por el Congreso a los medios de prensa a finales de ese mismo mes, se habían eliminado los gastos en que incurrió el diputado que viajó a Japón para conocer más sobre las ballenas.

Otro motivo es nuestro presidente, que sigue haciéndola de ingenuo y mendigo e imponiéndole a Guatemala una vergüenza internacional innecesaria por unos cuantos centavos. El turismo de avistamiento de ballenas en Costa Rica, por ejemplo, genera más de US$4 millones para ese país, y casos similares se dan en otros países de la región, incluida Guatemala, que comienza a beneficiarse de esta industria sin sangre.

Desde el año 2000, Japón viene orquestando una estrategia para lograr que la CBI dé por finalizada la moratoria para la caza de ballenas, emitida en 1986. Para ello comenzó a ayudar a los países en desarrollo, a cambio de que se integraran a la CBI y fueran sumándose los votos a su favor.

A eso lo llama Bernard Petitjean “la corrupción institucionalizada”. Desde 1987, Japón se amparó en las excepciones de dicha convención y siguió cazando ballenas para surtir mercados y restaurantes asiáticos con su carne, so pretexto de una “caza científica”. Y ya han asegurado que el próximo diciembre masacrarán un millar de ballenas en el océano Antártico.

A mí me importan mucho las ballenas, como cualquier ser vivo, y toda masacre humana o animal me delata el calibre de los asesinos. Pero acá no sólo hago eco de la voz de los ecologistas de todo el mundo que se oponen a ésta y otras prácticas salvajes, sino que estoy evidenciando que siguen dándose formas descaradas de corrupción institucionalizada al más alto nivel, que compran con mendrugos la voluntad, la ignorancia y la muerte.

www.ecoportal.net

Gentileza: volar [ volar@fibertel

Sigue la destrucción de la Amazonia

Por Iván Restrepo

Una semana después de haber matado de varios tiros a Dorothy Stang el 12 de febrero pasado, ya estaba detenido por las autoridades brasileñas el autor material del asesinato: Rafael De Neves Sales. La monja de origen estadunidense dedicó 40 años de su vida a organizar a los campesinos e indígenas de la selva amazónica. Una parte importante de esa tarea consistió en luchar contra los poderosos latifundistas del estado de Pará.

De Neves Sales acaba de ser condenado a 27 años de prisión luego de un juicio celebrado en la ciudad de Belem. Su cómplice, Cloaldo Carlos Batista, deberá purgar 17 años. Ambos confesaron que cometieron el crimen por órdenes de Amair Feijoli de Cunha, capataz de una hacienda para el que trabajaban. Este les proporcionó el arma y posteriormente los ayudó a huir por unos días hasta que finalmente fueron capturados. Las investigaciones mostraron que el capataz fue intermediario en el crimen, planeado, ordenado y financiado por los latifundistas Vitalmiro Bastos de Moura y Regivaldo Pereira Galvao, cuya manera de proceder para apoderarse de grandes extensiones de tierra y combatir violentamente la inconformidad campesina fue denunciada en varias ocasiones por la religiosa estadunidense ante las autoridades y en los medios.

Entre los grupos defensores de los derechos humanos y la naturaleza de Brasil, así como entre las organizaciones campesinas e indígenas del estado de Pará, siempre se dudó que la justicia alcanzara a los autores materiales e intelectuales de este asesinato, pues la regla había sido que quienes sobresalían por su liderazgo en pro de la tierra y su conservación fueran victimados y los culpables de hacerlo nunca pisaran la cárcel. Así ha ocurrido en el caso de más de medio centenar de dirigentes agrícolas en Pará y en estados como Minas Gerais, Mato Grosso y Paraná. Esta vez, el gobierno del presidente Lula sentó un precedente muy importante al impedir que la impunidad se impusiera de nuevo y que los intereses de los grandes latifundistas y sus servidores torcieran, como era costumbre, el brazo de la justicia. Además, el mandatario aprovechó la ocasión para reafirmar la soberanía de su país sobre la Amazonia.

Y es que por los días del crimen mencionado, el francés Pascal Lamy, frustrado candidato a dirigir la Organización Mundial de Comercio, había dicho que era necesario "imponer reglas internacionales en la gestión de la Amazonia", a fin de detener el creciente deterioro que registra "el mayor pulmón de vida del planeta". La idea iba en el sentido de convertirla en Patrimonio de la Humanidad y como tal ser administrada. No tuvo que ir muy lejos por respuesta el señor Lamy: diversos funcionarios del gobierno brasileño le recordaron la plena autonomía que cada país tiene en la gestión de sus recursos naturales, asunto que fue muy claramente definido en la Conferencia de Río de Janeiro de 1992 y en uno de sus productos más importantes, la Agenda 21. Le recordaron también que la Amazonia no solamente son plantas y animales, sino que en ella habitan seres humanos que dan sentido y vida a culturas de enorme importancia. Y que en aras de una pretendida "conservación", Brasil no cedería ni un ápice de su soberanía.

Preservar lo mejor posible esa enorme biodiversidad, evitar la deforestación acelerada para dar paso a una agricultura extensiva que pronto entra en crisis, dejando una estela de pobreza humana y natural; hacer que la tierra sea de los que la trabajan y no de quienes, gracias al dinero y al apoyo de los funcionarios, han logrado hacerse de enormes extensiones y controlar a miles de trabajadores agrícolas, fue precisamente la tarea que durante muchos años realizó Dorothy Stang. Pero mientras los latifundistas que la mandaron matar aguardan su sentencia, no cesa la destrucción de la Amazonia. El irracional modelo económico que impone sus leyes en Brasil, y en la mayor parte del mundo, no ha variado durante el gobierno de Lula. Contra ese modelo es que, aún a costa de perder su vida, luchan muchos otros líderes agrícolas y los sin tierra en Brasil y en otros sitios del planeta.

Gentileza: volar [ volar@fibertel.com.ar ]

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